En búsqueda del tesoro: cómo encontrar y examinar artículos de revistas científicas

 

 

Este artículo fue traducido por Rodrigo Pérez Ortega y editado por Debbie Ponchner.

Unas semanas después de iniciar su primera pasantía como escritor de ciencia, Josh Sokol se ganó el premio gordo del periodismo científico: un artículo de física recién publicado con una afirmación divertida y sorprendente. Sokol, sintiendo el potencial del artículo, se puso a trabajar en una breve noticia sobre el artículo. Para obtener comentarios externos, llamó a una fuente en el campo que se mostró escéptica sobre las afirmaciones del artículo. Luego, después de que la fuente solicitara hablar de forma confidencial (sin ser citada), le dio a Sokol el contexto sobre la revista científica en la que se publicó el artículo: no era de alta calidad, dijo, y enumeró otras revistas de mayor prestigio en su subcampo de estudio. Dijo que con frecuencia se había preguntado cómo funcionaba el proceso de revisión por pares de la revista, porque artículos menos rigurosos a menudo terminaban publicados allí. “Sus opiniones sobre la investigación en sí y el contexto de la revista me convencieron de volver a mi editor y decirle que la historia se había caído”, dice Sokol.

Como sugirió la fuente de Sokol, no todas las revistas académicas son iguales. Algunas como Science, Nature y JAMA son bien conocidas, tanto por científicos, como por periodistas. Pero con cientos de miles de revistas, los periodistas seguramente encontrarán revistas con las que no están familiarizados. En muchos casos, esas revistas contienen un tesoro escondido: artículos rigurosos e interesantes que es poco probable que reciban la misma cobertura que los publicados en revistas de alto perfil. Los reporteros y editores veteranos han desarrollado estrategias efectivas para encontrar esas revistas, mantenerse al día con los nuevos artículos y acceder al texto completo de los artículos. A veces, como descubrió Sokol, puede ser complicado determinar la credibilidad de una revista académica. Pero ciertas métricas y el buen reporteo de vieja escuela pueden ayudar a orientar a un periodista hacia una investigación de buena reputación, y a encontrar buenas historias.

 

Excavando en busca de oro: así se comienza

Con tantas revistas científicas por ahí, puede ser difícil saber por dónde comenzar. Para empezar, los periodistas pueden registrarse para recibir correos electrónicos de revistas que conocen y en las que confían. Algunas revistas, especialmente las más grandes como Proceedings of the National Academy of Sciences y Nature Communications, envían correos electrónicos semanales o diarios con detalles sobre nuevos artículos. También puedes suscribirte al servicio de EurekAlert! de la AAAS, que envía correos electrónicos anunciando artículos embargados, así como una lista diaria seleccionada de artículos recientemente publicados.

Pero leer esos mensajes puede ser abrumador, especialmente si te suscribes a listas que envían notificaciones a diario. (Actualmente tengo cerca de 4.000 correos electrónicos de este tipo sin leer en mi bandeja de entrada). Además, muchos periodistas ven el mismo contenido, lo que significa que es posible que tengas competencia a la hora de proponer las historias que quieres cubrir. Encontrar artículos publicados en revistas más pequeñas —y no enviados a miles de otros periodistas— puede llevarte a encontrar joyas.

Para encontrar publicaciones menos conocidas y citadas, comienza con palabras clave o temas que te interesan. Si has reporteado historias relacionadas, regresa a los artículos que utilizaste en tu reporteo; las revistas en las que se publicaron podrían ser un excelente punto de partida. También puedes buscar palabras clave en Google Scholar según tu área temática o de cobertura, y luego registrarte para recibir alertas. Luisa Massarani, investigadora de comunicación de la ciencia que coordina la edición de América Latina de SciDev.Net, dice que sus palabras clave incluyen “enfermedad”, “biodiversidad” y los nombres de los países latinoamericanos que cubre.

Las fuentes también pueden ayudar a orientarte. Ivan Oransky, cofundador de Retraction Watch y editor en jefe de Spectrum, recomienda preguntar a los investigadores dónde publican su trabajo y cuáles revistas siguen. Si eres nuevo en un tema y no tienes fuentes establecidas, intenta husmear en Twitter. Shreya Dasgupta, una periodista científica independiente que reportea desde Bangalore, India, recomienda consultar las cuentas de los investigadores que sigues para ver de qué publicaciones están hablando. “Verás algo de parloteo, y así es como te encuentras con algunos artículos”, dice Dasgupta. Esos artículos podrían llevarte hacia las revistas que esos investigadores leen y a donde envían su trabajo para su publicación.

Una vez que hayas encontrado algunas revistas atractivas, piensa en cómo estarás al tanto de ellas. Las revistas varían mucho en cuanto a su facilidad de seguimiento; mientras que muchas permiten que cualquiera se registre para recibir sus índices de contenido o artículos individuales por correo electrónico, otras no. En esos casos, verifica si la revista tiene una fuente RSS. Si es así, puedes utilizar un servicio como IFTTT (abreviatura de “If This Then That”) para configurar alertas automáticas por correo electrónico para nuevos artículos. De lo contrario, puedes considerar utilizar servicios como Visual Ping para avisarte cuando el sitio web se haya actualizado. No obstante, si eres más del tipo analógico, siempre puedes configurar un recordatorio de calendario recurrente para consultar el sitio web de la revista con regularidad.

 

Poniéndole valor a tus hallazgos

Una vez que hayas encontrado las revistas que te gustaría seguir, hay algunas métricas que puedes checar y que pueden servir como una evaluación rápida y burda de que una revista es legítima. Dalmeet Singh Chawla, un periodista freelance ubicado en Londres, dice que siempre comprueba primero quién publica la revista en cuestión. Empresas editoriales académicas bien conocidas como Elsevier, Taylor and Francis, Sage, Springer Nature, Wiley y PLOS mantienen un gran número de revistas que deben seguir un código de ética y el proceso de revisión por pares, en el cual otros científicos leen y examinan el trabajar antes de su publicación.

Eso puede parecer un estándar de calidad fácil de cumplir, pero dentro de la comunidad académica ahora hay miles de revistas depredadoras —equipos que cobran tarifas a los investigadores para publicar su trabajo con escasa revisión por pares, o ninguna en absoluto—. Si bien estas revistas solían ser estafas obvias, con sitios web mal diseñados y artículos sin sentido, “las revistas y las editoriales depredadoras están mejorando su juego y comenzando a parecer más legítimas”, dice Chawla.

Una vez que estés razonablemente seguro de que la revista no es depredadora, es posible que te interese su calidad relativa: ¿está bien considerada en la comunidad científica o es poco conocida?

Si no reconoce a la editorial, dice Chawla, él consulta listas establecidas de revistas depredadoras. Quizás la más conocida sea la lista de Beall; su creador, Jeffrey Beall, cerró su blog que enumeraba revistas sospechosas de depredación en 2017, pero las versiones archivadas todavía existen en línea. La Lista de Beall —y otras similares— son controvertidas, porque no todos los investigadores están de acuerdo con las políticas que definen una revista depredadora y las políticas de muchas revistas caen en una zona gris, lo que dificulta su caracterización. Aún así, los periodistas podrían considerar estas listas como un punto de partida para sus investigaciones. Cabells Predatory Reports and Journalytics también mantiene su propia base de datos de revistas engañosas y de buena reputación; solo es accesible a través de una suscripción de paga, a un precio que normalmente solo es costeable para las bibliotecas universitarias.

También puedes verificar si la revista en cuestión está incluida en los principales servicios de indexación como PubMed, MedLine, Web of Science o SCOPUS. Las revistas deben cumplir con algunos estándares básicos para ser incluidas en estas bases de datos, como tener un proceso de revisión por pares y políticas de derechos de autor. “Si [la revista] está ahí, no prueba que sea una gran revista, pero si no está ahí, me preguntaría por qué no lo está”, dice Oransky.

Una vez que estés razonablemente seguro de que la revista no es depredadora, es posible que te interese su calidad relativa: ¿está bien considerada en la comunidad científica o es poco conocida? A los freelancers, en particular, a menudo se les anima a buscar historias leyendo revistas más pequeñas, ya que es probable que los escritores de planta cubran el último artículo llamativo publicado en Science o Nature, pero encontrar revistas que sean menos populares, pero de alta calidad, puede ser complicado.

Una métrica muy debatida, llamada factor de impacto, puede brindarte una estimación aproximada de cuán popular o conocida es una revista. Es posible que veas esta métrica publicada en la página de inicio de una revista; es una cifra reportada por una empresa llamada Clarivate, que calcula cada factor de impacto utilizando la cantidad de veces que los artículos de una revista han sido citados por otros investigadores en los últimos dos años, dividida por la cantidad de artículos que la revista publicó durante ese mismo período de tiempo. Las revistas científicas generalistas más populares tienden a tener factores de alto impacto elevados; por ejemplo, el factor de impacto de 2020 del New England Journal of Medicine fue 74,69, lo que significa que cada artículo de la revista fue citado un promedio de alrededor de 75 veces. Hay una gran variedad en estas cifras; de las 15.000 revistas que Clarivate obtuvo en 2020, a más del 60% se les asignó un factor de impacto de 2 o menos, mientras que solo el 2 por ciento recibió un factor de impacto superior a 10. Eso significa que si has encontrado una revista con un factor de impacto de 3 o más, es probable que tenga al menos una influencia moderada dentro de su subcampo particular.

Pero un factor de impacto bajo no significa que la revista sea de mala reputación. Dasgupta dice que solía ser escéptica con las revistas menos conocidas con factores de impacto más bajos. Pero luego se enteró de estudios que muestran que los investigadores de países de ingresos bajos y medios a menudo tienen dificultades para publicar en revistas de alto impacto. “Si no tienes un científico occidental adjunto al artículo, es difícil, en esta parte del mundo, publicarlo”, dice Dasgupta.

Es posible que las revistas en idiomas distintos del inglés no reciban una calificación de factor de impacto en absoluto y se puedan clasificar de otras maneras. Por ejemplo, Massarani, que vive en Río de Janeiro, dice que el gobierno brasileño ha desarrollado su propio sistema de clasificación para las revistas de esa nación, a través de un programa llamado QUALIS. Tales clasificaciones, al igual que los factores de impacto, no son perfectas, pero este tipo de métricas pueden indicar que una revista es conocida dentro de la comunidad de investigación.

Si deseas saber más sobre la reputación de una revista, es cuestión de levantar el teléfono o enviar un correo electrónico rápido a un experto. Como demostró la fuente de Sokol, los investigadores tienen sus propias opiniones sobre la reputación de las revistas, y sus aportes pueden exponer cómo los expertos consideran una revista. “Existe este conocimiento cultural y sesgos informales dentro de un campo que simplemente no eran obvios para mí”, dice Sokol. Bothina Osama, editora de la edición de SciDev.Net para Medio Oriente y África del Norte, dice que a menudo busca perspectivas en su red de fuentes confiables. “Cuando hay una nueva revista que no conocemos, o no tiene un factor de impacto, buscamos dentro de nuestra intrépida red de investigadores”, dice.

 

Cómo examinar y acceder a estudios detrás de un muro de pago

Así que has encontrado lo que parece ser una revista legítima —y ​​tal vez algunos artículos científicos intrigantes te hayan llamado la atención—. Aunque la cantidad de revistas de acceso abierto está creciendo, es posible que los artículos que deseas leer estén bloqueados detrás de un muro de pago. Las bibliotecas universitarias pagan millones por suscripciones anuales a revistas y las editoriales cobran a los usuarios entre $15 y $40 dólares por un solo artículo. Si no tienes acceso a la biblioteca y no puedes permitirte desembolsar cientos de dólares para acceder a artículos, existen algunas opciones para intentar obtener acceso al texto completo del artículo.

Primero, busca versiones del artículo disponibles públicamente. Los resultados de búsqueda de Google Académico a veces incluyen un enlace a un PDF publicado en el sitio web de un investigador o en una plataforma como ResearchGate o Academia.edu. Chawla también recomienda un plug-in del navegador llamado Unpaywall, que identifica copias gratuitas de artículos de revistas.

Después de examinar una revista, acceder a artículos y llegar a los autores de un estudio, comienza el trabajo más sustancioso de un periodista: profundizar en los hallazgos y conclusiones de los investigadores.

Si no puedes encontrar una copia disponible públicamente, verifica si tienes acceso a las revistas a través de las organizaciones de periodismo a las que perteneces. Los miembros de grupos profesionales como la Association of Health Care Journalists y la National Association of Science Writers tienen acceso a las revistas y bases de datos de algunas editoriales. Algunas editoriales, como Elsevier y Springer Nature, permiten a los periodistas solicitar acceso a sus artículos, y servicios como EurekAlert! también proporciona archivos PDF con el texto completo de nuevos artículos a los periodistas.

Los periodistas que tienen acceso a los artículos a través de su empleador o de una biblioteca universitaria afiliada también pueden estar dispuestos a compartir artículos de vez en cuando.

Algunas herramientas que los periodistas y otras personas usan comúnmente para acceder a artículos de revistas con pago son controvertidas porque se puede considerar que permiten la infracción de derechos de autor. Uno es el uso del hashtag de Twitter #ICanHazPDF, una estrategia que se basa en la amabilidad de extraños que podrían estar dispuestos a cumplir con la solicitud de un artículo. El otro es Sci-Hub, un sitio web que publica copias de artículos de pago de forma gratuita. (Su creadora está siendo demandada por varias editoriales de revistas por infracción de derechos de autor).

Por último, puedes ponerte en contacto directamente con los autores del estudio para solicitar sus artículos. La mayoría de los artículos enumeran un autor correspondiente y, en la experiencia de Dasgupta, enviar un correo electrónico a ese autor ha dado como resultado una respuesta rápida. Ella dice que le gusta enviar un correo electrónico a los autores solicitando su artículo, incluso si ya ha encontrado acceso al artículo en otro lugar, porque sirve como punto de partida para su reporteo. “Si responden, puedo intentar convencerlos de que también me hablen sobre el estudio”, dice.

Después de examinar una revista, acceder a artículos y llegar a los autores de un estudio, comienza el trabajo más sustancioso de un periodista: profundizar en los hallazgos y conclusiones de los investigadores. Y, a veces, después de todos estos primeros pasos, descubrirás fallas importantes en la investigación que has encontrado, incluso si está publicada en una revista excelente y los investigadores parecen competentes. “Todas las revistas publican trabajos de bajo nivel, incluso si no se consideran una revista de bajo nivel”, dice Oransky. “Al final del día, realmente necesitas juzgar cada artículo en función de lo que hay en el artículo, en lugar de lo que hay en la revista”.

Por ejemplo, Osama recuerda haber encargado un artículo al comienzo de la pandemia basado en un artículo que vio en una revista prestigiosa. Para los comentarios externos, el reportero asignado llamó a una fuente, quien destrozó el artículo. “Dijo que este artículo no merecía ser publicado, que no valía la tinta con la que estaba escrito”, dice Osama. Después de esa llamada, Osama volvió a examinar el documento y estuvo de acuerdo en que las críticas de la fuente tenían mérito. Al final, ella y el periodista decidieron no publicar la nota.

Al final del día, no hay sustituto para el reporteo sólido, incluso si tu investigación inicial hace que un nuevo artículo científico parezca prometedor. “El hecho de que esté publicado en una revista científica no significa que se vaya a sostener”, dice Oransky. “Confía, pero verifica”.

 

 

Jane C. HuCourtesy of Jane C. Hu

Jane C. Hu

Jane C. Hu es periodista independiente, colaboradora habitual de Future Tense de Slate y miembro de la junta directiva de The Open Notebook. Su trabajo a menudo se centra en la intersección de la ciencia, la cultura y la tecnología. Sus escritos han aparecido recientemente en publicaciones como Undark, High Country News, Science y Outside. Encuéntrala en Twitter @jane_c_hu.

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