Cómo pedirles retroalimentación a tus editores

 

Este artículo se publicó originalmente en inglés en The Open Notebook el 9 de julio de 2019. Este artículo fue traducido por Rodrigo Pérez Ortega y editado por Debbie Ponchner.

Tras varios años de trabajar como freelance escribiendo noticias diarias para un sitio de noticias médicas en línea, Bianca Nogrady sintía que ya sabía lo que la publicación quería. Acostumbraba cubrir un único estudio nuevo en cada noticia, resumiendo de forma breve sus resultados en unos pocos cientos de palabras, que luego enviaba a su editor para revisión. Pero un día, sin razón aparente, la editora de Nogrady le envió un correo electrónico y le dijo que sus artículos debían incluir muchos más detalles sobre los estudios, como más información sobre los métodos que utilizaron los científicos y las limitaciones de los experimentos. La retroalimentación sirvió como una oportunidad para que Nogrady abriera sus ojos, revisara su trabajo desde otra perspectiva y viera los patrones de escritura en los que había caído, recuerda.

Ahora Nogrady se esfuerza por pedir de forma proactiva críticas constructivas de sus editores. “Realmente no hay nada que perder al pedirles retroalimentación a los editores”, dice. Puede resultar intimidante buscar retroalimentación honesta al principio, pero hablar sobre el desempeño puede ayudar tanto a los periodistas de planta como a los periodistas freelance a descubrir qué piensan los editores de su trabajo y logros.

Obtener retroalimentación que va más allá de la edición de un texto también puede servir como una herramienta para el aprendizaje continuo, dice Swapna Krishna, escritora de tecnología y excolaboradora de Engadget. Por ejemplo, puede ayudar a los periodistas a solucionar problemas generales que siguen apareciendo en sus escritos. Por ejemplo, si necesitan incluir personajes con más frecuencia, establecer el trasfondo de nuevos hallazgos de investigación más al inicio de sus historias o escribir titulares más atractivos. La retroalimentación de amplio alcance también puede motivar a los reporteros de planta a establecer metas más ambiciosas y cumplir con las métricas corporativas de una publicación, como escribir reportajes más profundos además de las noticias diarias, encontrar formas de expandir la amplitud de los temas que cubren o alcanzar a más lectores con cada artículo.

Con retroalimentación “clara, precisa y lista para poner en práctica” todos ganan, tanto los periodistas como los editores, dice Laura Helmuth, editora de salud, ciencia y medio ambiente de The Washington Post. Cuando los periodistas buscan e implementan la retroalimentación, entregan manuscritos que son más cercanos a lo que buscan los editores, dice John Platt, editor de The Revelator. En última instancia, eso ahorra tiempo tanto a los redactores como a los editores, señala, y agrega que “a los editores les gusta trabajar con redactores que les hacen la vida más fácil”.

 

Cuándo iniciar la discusión

Los escritores pueden tener dificultades para descubrir cómo y cuándo pedirles a los siempre ocupados editores que critiquen su trabajo, dice Platt. Es posible que se pregunten si pedirles retroalimentación les molestará o podrían interpretarlo como que necesitan demasiada atención. Pero los periodistas no deberían dudar de contactar a sus editores. “Es el trabajo de un periodista hacer preguntas”, dice. “Lo haces todo el tiempo cuando reporteas sobre artículos científicos, preguntando qué hicieron los investigadores. La retroalimentación es solo hacer preguntas sobre ti mismo”.

Uno de los mejores momentos para preguntarle a un editor sobre tu desempeño es poco después de que se haya editado o publicado una historia, dice Sonya Collins, una periodista freelance de Atlanta que ha escrito para publicaciones como WebMD, Scientific American y Family Circle. Solicitar retroalimentación en este punto asegura que llegue en un momento en que el borrador de la historia original y las sugerencias línea por línea del editor aún estén frescas en la mente del reportero. Idealmente, el editor no se habría movido mentalmente a otras historias todavía, por lo que es más probable que tenga ejemplos del trabajo del escritor que necesitan mejoras que pueda señalar. Discutir estos ejemplos puede ayudar a los periodistas a descubrir cómo adaptar aún más su trabajo al estilo del editor y de la publicación, dice Collins. Esto ayuda a fomentar las relaciones amigables entre escritor y editor al demostrar que el escritor freelancer está interesado en trabajar con el editor y obtener más asignaciones. “Quiero dejarles claro a los editores que sea lo que sea que les di en la primera historia, ese artículo nunca es todo lo que soy capaz de hacer”, dice. “Prospero con la retroalimentación”.

Sin embargo, una vez que los reporteros han estado trabajando con un editor por un tiempo, es posible que no necesiten retroalimentación amplia después de cada artículo. En cambio, Collins sugiere platicar cada dos meses para hablar sobre un conjunto más grande de historias con los editores. Los reporteros freelance pueden usar estas discusiones para solicitar retroalimentación sobre si están obteniendo constantemente el ángulo correcto para esa publicación, explicando la ciencia a un nivel que los lectores comprenden y cumpliendo con otras expectativas. “Algunas historias pueden ser muy sencillas y otras pueden ser más difíciles”, dice Sara Chodosh, editora asistente de Popular Science. “Tener un poco más de experiencia trabajando juntos en diferentes tipos de historias les da a los editores una mejor idea de cómo eres como escritor y dónde puedes necesitar ayuda”.

Incluso los reporteros de planta, que pueden tener revisiones formales de desempeño, pueden beneficiarse de pedir a sus editores retroalimentación específica sobre su trabajo. Las revisiones de desempeño no llegan al meollo de la escritura y el reporteo, y pueden ser muy poco frecuentes para detectar los malos hábitos antes de que se formen. Para obtener información más continua, Ryan Mandelbaum, periodista de ciencia de Gizmodo, dice que intenta reunirse con su editora todas las semanas para realizar críticas constructivas. Esto ayuda a Mandelbaum a establecer nuevas metas para los próximos días y garantiza que no se deje sorprender por nada en su revisión formal de desempeño. Es un hábito que adoptó al trabajar en un trabajo corporativo, no periodístico. “De hecho, me sorprendió que no hubiera tanta cultura de dar retroalimentación en el periodismo, porque estaba tan acostumbrade a sentarme con mi jefe todos los viernes”, dice. Las sesiones de retroalimentación se volvieron tan arraigadas que Mandelbaum las implementó automáticamente en su trabajo en Gizmodo también.

Durante unos meses, cuando Gizmodo no tenía una editora científica permanente, a Mandelbaum se le ocurrió una alternativa diferente para la retroalimentación. En su lugar, se acercó a editores que conocía de otras publicaciones para obtener retroalimentación y tutoría. Si bien el editor o el jefe directo de un reportero siempre debe ser la primera opción cuando se busca retroalimentación, ocasionalmente reunirse con otros editores más arriba en el organigrama —o incluso en otros medios— no es una mala idea. Probablemente no tendrán retroalimentación tan detallada, pero al menos en el caso de los editores de la propia publicación de un reportero, pueden hablar de manera más general sobre las metas de la organización y cómo los reporteros pueden ayudar a promoverlas.

 

Cómo hacer el contacto

La mayoría de los editores dicen que la mejor manera de solicitar su opinión es por correo electrónico. Esto les da a los editores tiempo para pensar en la retroalimentación que les gustaría dar sin sentir que están siendo forzados a una confrontación, dice Chodosh. No consultes impulsivamente a tu jefe en persona ni llames a un editor a la mitad del día. Cuando envíes el correo electrónico, explica que estás buscando formas de mejorar y que te gustaría recibir sus sugerencias, dice. Así, los editores pueden decidir si prefieren enviar sugerencias por escrito como respuesta al correo electrónico o programar una hora para hablar en persona o por teléfono. “Agradezco la oportunidad de tener tiempo para pensar en lo que estoy escribiendo, cómo estoy dando la retroalimentación y tener la oportunidad de elaborar mi respuesta un poco”, dice Chodosh.

Algunos editores pueden preferir programar conversaciones telefónicas o reuniones cara a cara porque permiten discusiones más matizadas. Es más fácil, por ejemplo, comprender las señales contextuales y las preguntas de seguimiento por teléfono o en persona que por correo electrónico. “A veces lleva más tiempo redactar un correo electrónico lleno de retroalimentación y enviarlo que simplemente hablar con alguien”, dice Corinna Wu, editora sénior de Chemical & Engineering News.

Las conversaciones en persona también son excelentes para ayudar a los reporteros de planta y editores a discutir cuáles deberían ser las próximas metas ambiciosas y cómo lograrlas. “Es difícil meter discusiones sobre preocupaciones y problemas a más largo plazo en una junta editorial diaria de noticias”, dice Wu. Por eso es importante reservar tiempo para críticas que no son inmediatas, pero que aún es algo que los escritores y editores deben discutir, dice.

Cuando llegue el momento de la sesión de retroalimentación para el escritor, este debe limitar la discusión a tres o cuatro preguntas específicas, dice Wu. Un escritor puede tener inquietudes sobre las habilidades básicas de reporteo, o sobre la selección e interpretación de los artículos de investigación más interesantes para cubrirlos para un público específico, o sobre cómo escribir entradas más atractivas o antecedentes ilustrativos en sus artículos. Reducir la discusión de retroalimentación a algunas preocupaciones específicas como estas les da a los editores una indicación del tipo de aportes que los escritores están buscando, dice Chodosh. “Al final, estás pidiendo críticas, y no todos toman bien las críticas o buscan críticas realmente intensas, por lo que un poco de orientación sobre la retroalimentación que te gustaría recibir es útil para no sentir que accidentalmente voy a cruzar la línea e ir más allá de lo que se quiere”, dice.

Los escritores también deben asegurarse de tomar notas y digerir las nuevas sugerencias de los editores, dice Yasmin Tayag, editora científica sénior de Inverse. La retroalimentación no debe tomarse como algo personal, sino como un comentario sobre el trabajo del escritor, dice. Después de todo, el proceso de solicitar retroalimentación e incorporarla es parte de la práctica permanente del periodismo, dice Tayag. “Aprender a escribir bien requiere tiempo, repetición y recordatorios constantes”.

 

 

 

Cortesía de Knvul Sheikh

Knvul Sheikh

Knvul Sheikh es una reportera freelance y becaria de TON patrocinada por el Burroughs Wellcome Fund. Su trabajo ha aparecido en The Atlantic, Audubon, National Geographic, Popular Science, Scholastic, Scientific American y más. Knvul ha vivido en las faldas de las montañas de los Himalayas en Pakistán, nadó en las aguas tropicales de Singapur y viajó como mochilera por la Isla Sur de Nueva Zelanda. Actualmente reside en la ciudad de Nueva York y se le puede encontrar en Twitter como @KnvulS.

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