Cómo lidiar con las reacciones negativas a tus historias

 

Este artículo se publicó originalmente en inglés en The Open Notebook el 12 de enero de 2021. Este artículo fue traducido por Rodrigo Pérez Ortega y editado por Debbie Ponchner.

 

En julio de 2018, Joan Meiners tenía solo unas semanas de su primer trabajo en periodismo, como pasante en The Times-Picayune en Nueva Orleans, cuando publicó un artículo que parecía bastante sencillo. En su historia “Las poblaciones de gatos callejeros en auge son un desastre, dice la ciencia. Aquí hay 15 razones de por qué”, describió los estragos que estos felinos pueden causar en la biodiversidad local.

Meiners, quien ahora es una reportera ambiental para The Spectrum en Utah, era nueva en los altibajos del reporteo y no estaba preparada para la reacción que se produjo pocas horas después de que se publicara el artículo.

Los mensajes inundaron la bandeja de entrada de Meiners, acusándola de demonizar a los gatos, mientras un flujo interminable de amenazas e insultos inundó su cuenta de Twitter. La versión en línea de su artículo fue golpeada con cientos de comentarios furiosos antes de que su editor cerrara la sección de comentarios para evitar que más de estos se pudieran publicar.

“Algunos de los ataques se volvieron realmente personales”, dice Meiners, que entonces era una estudiante de posgrado en la Universidad de Florida. “Recibí correos electrónicos de personas que decían que estaban formando un comité de expertos para desacreditarme y sacarme de mi programa de doctorado”.

La reacción hizo que Meiners entrara en un torbellino emocional. Incluso empezó a sentir un poco de miedo. “Toda esta gente me odia y sabe mi nombre”, recuerda haber pensado. “¿Quién sabe cuántos cientos de personas en la ciudad en la que estoy están enojadas conmigo?”

Pero la mañana después de que se publicara la historia de sus gatos callejeros, Meiners entró en su sala de redacción entre aplausos atronadores. “La gente me felicitaba y me daba la bienvenida al periodismo”, dice. “Dijeron: ‘No eres una periodista de verdad hasta que recibes una reacción negativa a una de tus historias. Eso significa que estás haciendo algo importante”.

Meiners estaba decidida a no dejar que la sobrerreacción emocional de su pieza, de la cual sigue orgullosa, la disuadiera de su trabajo. En los dos años transcurridos desde entonces, ha adquirido herramientas para navegar las reacciones negativas que a veces se le presentan cuando reportea, habilidades que son cruciales para cualquier periodista.

 

“La esencia de la queja”

Cuando ocurre una reacción negativa, Brendan Maher, editor de reportajes de Nature News, recomienda primero dar un paso atrás para evaluar la situación y “profundizar en lo que es la esencia de la queja”, dice. Si se justifica una corrección, por ejemplo, debe hacerse rápidamente. Incluso en ausencia de un error fáctico, puede haber algo valioso que aprender. Tal vez el escritor o escritora se olvidó de entrevistar a una fuente que hubiera mejorado la pieza con una nueva perspectiva, o que hubiera agregado una diversidad muy necesaria a la alineación, por ejemplo. En algunas circunstancias, sacar una pizca de verdad de una mala reacción puede incluso “enviarte a otra historia”, dice Lauren Morello, editora adjunta de salud pública en Politico.

A veces, sin embargo, “las personas son simplemente patanes”, dice Morello.

Cualquiera que sea la naturaleza de la reacción, es importante notificar a tu editor o editora desde el principio. Parte del trabajo de su trabajo es apoyar a sus escritores desde la concepción de una pieza en adelante—una relación que no termina cuando se publica una historia—.

“Me puedo meter tanto en mis propios pensamientos con estas cosas”, dice Maya Wei-Haas, escritora científica de National Geographic. “Pero mis editores son maravillosos. Siempre están dispuestos a hablar o simplemente simpatizar conmigo”.

Tanto Maher como Morello hacen eco de este sentimiento. Aunque el periodismo a veces puede parecer un deporte en solitario, “es colaborativo”, dice Morello. Los periodistas freelance también deben comunicarse siempre que surja una inquietud. Los mejores editores no discriminarán entre escritores de planta y los que no lo son; no vale la pena volver a trabajar con cualquier editor que descarte tales preocupaciones.

Un editor puede ayudar a un escritor a tomar una de las decisiones más importantes, que es si es necesario responder, y cómo y cuándo hacerlo. “Mi primer instinto es aconsejar a la persona que no se involucre hasta que tengamos una idea sobre el volumen de la respuesta” y cuál es la naturaleza del problema, dice Maher. Hacer una pausa y evaluar la situación puede ganar tiempo para que todas las partes reúnan sus pensamientos y compilen una respuesta bien pensada y apropiada para la situación en cuestión. También es una oportunidad para calmarse.

“Pocas personas que conozco se han arrepentido alguna vez de permanecer en silencio durante unas pocas horas o uno o dos días más”, dice Maher.

Exactamente cómo se manifiesta una respuesta variará de un caso a otro, y de un periodista a otro, dice Viktorya Vilk, directora del programa de seguridad digital y libertad de expresión en PEN America. “La línea estándar de la organización es no alimentar a los troles”, dice Vilk. Pero “la gente debe decidir qué funciona para ellos”. Algunos escritores encontrarán que el silencio les da más empoderamiento, mientras que otros se beneficiarán más haciéndose escuchar para defenderse.

Caroline Chen, reportera de salud de ProPublica, a menudo se encuentra reporteando sobre temas difíciles. En octubre pasado, publicó un artículo que detalla cómo un equipo de trasplante de corazón en un hospital de Nueva Jersey mantuvo a uno de sus pacientes vegetativos con soporte vital, sin consultar adecuadamente a la familia, para aumentar la tasa de supervivencia decreciente de la institución.

Si la reacción negativa se dirige a una sola persona, ese individuo no tiene que lidiar con ella solo.

La historia, que ganó un premio Livingston en la categoría de reportajes locales a principios de este año, desató una serie de investigaciones sobre las irregularidades del hospital. Pero también creó una gran angustia para los pacientes que le debían la vida al programa de trasplantes, que había completado muchos tratamientos exitosos antes de que surgiera el reporte. Muchas de estas personas se acercaron a Chen. “Estaban muy molestos y lo entiendo”, dice ella. Pero tomó sus quejas, que a menudo se centraban en no querer demonizar un lugar que les había salvado la vida, con calma. “Pasé mucho tiempo hablando por teléfono con muchos de ellos”.

Chen dice que la experiencia fue atípica; la mayor parte de su trabajo no la ocupa con comentarios tan abrumadores. Pero tiene el hábito de responder a los lectores siempre que puede, incluso si sus intenciones no siempre son puras, porque esto puede educarla tanto a ella como a las personas con las que habla. “Si me dicen: ‘Esta es la primera vez que le envío un correo electrónico a una periodista’, siempre presiono [el botón de] responder”, dice. “Quiero que tengan una respuesta positiva de una periodista”. A veces, el mensaje entrante está lleno de nada más que hostilidad, dice. Ella aún así responderá algo rápido, “solo para recordarles que soy humana”.

Incluso las respuestas breves pueden apaciguar a los lectores indignados. “Mucha gente que se queja solo quiere ser escuchada”, dice Maher.

Pero responder nunca debe hacerse a expensas de tu propia salud mental, dice Vilk. Y si la reacción se dirige a una sola persona, ese individuo no tiene que lidiar con ella solo. “Hazle saber a la gente lo que está pasando”, dice Vilk. Eso puede incluir a colegas en el periodismo, pero también a amigos y familiares que no estén familiarizados con tu trabajo. “Los abusadores quieren aislarte. Encontrar una manera de evitar que eso suceda es de vital importancia”.

 

La peor parte de la sobrerreacción

Tanto dentro como fuera del mundo del periodismo, el abuso en línea no se distribuye de manera uniforme. Vilk señala un estudio del Centro de Investigaciones Pew de 2017 que encontró que las mujeres y las personas de color tenían más probabilidades de sufrir acoso. Lo mismo, agrega, se aplica a las personas que se identifican como no binarias y LGBT.

Meiners, de The Spectrum, dice que se pregunta si tanta gente habría tenido problemas con su historia de gatos ferales si hubiera sido un hombre. “Es más probable que la gente cuestione las credenciales de una científica o periodista mujer”, dice.

Los periodistas deben tomar precauciones adicionales para prevenir la posibilidad de una invasión más seria de la privacidad, o la posibilidad de que un lector enojado intente hacer realidad una amenaza.

Riley Black, una periodista científica freelance que se especializa en paleontología, describe la sensación de latigazo que experimentó después de declararse una mujer transgénero. Años antes, Black había publicado con un nombre diferente y había sido percibido como un hombre blanco cisgénero. “Nunca me sentí amenazada o en peligro”, dice Black. “Pero desde que salí del clóset, las cosas las ponen como, ‘Esto es solo porque eres trans’. Me hace más consciente del privilegio que tenía”.

Como una mujer que escribe sobre paleontología—un campo fuertemente dominado por hombres que ha sufrido representaciones patriarcales repetitivas y a menudo tóxicas de hombres blancos solitarios al frente de una serie de descubrimientos revolucionarios—de repente se encontró en una minoría absoluta.

Black ha abordado estos problemas de frente en varios artículos, incluido uno que escribió para Slate en abril de 2019 que criticaba duramente el estereotipo cansado de Indiana Jones que aún mancha muchas narrativas paleontológicas. El artículo, que se publicó poco después de que Black se declarara transgénero, provocó ciertas reacciones de los lectores que la acusaron de “odiar a los hombres cisgénero, o a cualquier hombre”. Después de pasar años inmersa en un campo que conocía bien, Black de repente encontró cuestionada su credibilidad —y vinculada negativamente a su identidad—.

Cualquier crítica que se vuelva personal puede ser extremadamente difícil de aceptar. Pero Emma Penrod, una periodista freelance que vive en Utah, dice que poseer una piel gruesa no es un requisito del trabajo —ni debe retratarse como tal—.

“El periodismo es un trabajo difícil y emocionalmente agotador”, dice Penrod. Cuando ocurre una reacción negativa, “fingir que no estás molesto y enterrar tus emociones” no es la solución. En cambio, reconoce que “soy un ser humano y puedo sentir”, dice.

 

Refresca tu ciberseguridad

Por lo general, las reacciones violentas se limitan a las plataformas de redes sociales y los correos electrónicos agresivos, agresiones que pueden herir, pero que normalmente no representan un peligro físico. Pero los periodistas deben tomar precauciones adicionales para prevenir la posibilidad de una invasión más seria de la privacidad, o la posibilidad de que un lector enojado intente hacer realidad una amenaza.

Si el acoso alude a la violencia, el doxing —cuando publican información privada en internet con una intención maliciosa— o el jaqueo de tus cuentas, Vilk dice que es crucial documentar todo. “Toma capturas de pantalla, guarda enlaces directos”, dice. “Crea un registro de los ataques que estás sufriendo”. Los editores deben enterarse de estos incidentes lo antes posible. En circunstancias extremas, es posible que la policía deba involucrarse.

Es de ayuda el proteger tus cuentas antes de que llegue una reacción negativa. Si te enfrentas a una respuesta intensa de lectores, tomar medidas preventivas podría facilitar el poder desconectarte, en lugar de tener que contener frenéticamente el daño mientras está sucediendo. Vilk recomienda mantener una buena higiene de las contraseñas: mantenlas largas y mézclalas entre sitios web, dice. (Los administradores de contraseñas como LastPass pueden ser útiles aquí). La autenticación de dos factores, cuando esté disponible, también puede ser un gran refuerzo para la seguridad.

Los reporteros tienen distintos niveles de comodidad con la cantidad de información de contacto que publican disponible para el mundo. Muchos periodistas desconfían de divulgar cosas como números de teléfono celular y direcciones de casa; otros ni siquiera quieren que los correos electrónicos se encuentren públicos. Puede ser tan simple como mantenerlos fuera de un perfil de Twitter, pero también puedes beneficiarte de buscarte en Google para ver qué es público. Puede haber currículums o documentos antiguos, tal vez cargados a través de una plataforma universitaria, que hace mucho que se te olvidó, pero que un lector enojado podría encontrar. Puedes solicitar a los administradores de sitios web que eliminen cualquier documento con información personal.

Wei-Haas, de National Geographic, dice que se siente cómoda con el correo electrónico del trabajo en su perfil de Twitter, en parte porque es una forma de que las fuentes la contacten con sugerencias para historias. Ella también mantiene un formulario de contacto en su sitio web, que le avisa en su correo electrónico personal cada vez que alguien escribe. Muchas cosas buenas llegan a través de estos canales, dice. De vez en cuando, también lo hacen algunas malas. “Solo voy y los miro cuando estoy en un buen estado mental”, dice Wei-Haas. “Ese puede ser un lugar aterrador para meterse a ver”.

Estos portales de comunicación también se pueden quitar fácilmente, si es necesario. Y muchas plataformas de redes sociales tienen al menos algunas protecciones integradas. Cuando la escritora freelance Wudan Yan se da cuenta de que alguien la está troleando repetidamente en Twitter, por ejemplo, los bloqueará. “Si siempre me persiguen, y no son lo suficientemente conscientes de sí mismos como para notar que nunca les contesto, no necesito esta energía en mi vida”, dice.

Cuando Chen, de ProPublica, está pasando por un momento difícil, intenta enfocarse en su carrera y recordar el panorama general. “No estoy haciendo periodismo para mí”, dice. “Lo hago por las personas para las que escribo”.

La mayoría de las veces, agrega, eso significa escribir un artículo que amplifique la voz de una población que ha sido silenciada o reprimida, o hacer que quienes están en el poder rindan sus cuentas. Los factores motivadores detrás de sus historias, dice, “hacen que valga la pena cuando alguien me grita”.

También vale la pena tener en cuenta, agrega Chen, que no todos los comentarios son terribles. Los críticos pueden ser más vocales. Pero hay una inmensa recompensa, dice, al reducir la velocidad y también asimilar la retroalimentación positiva.

Ella menciona un ejemplo de un mensaje de texto que una fuente le envió después de que ella publicara una historia sobre un miembro de su familia que había muerto en circunstancias frustrantemente opacas. El reporteo de Chen descubrió las acciones de una autoridad sanitaria que había influido en la muerte de esa persona.

“Las respuestas que descubriste me ayudaron a dar un cierre que antes esperaba que nunca iba a obtener”, decía el mensaje. Chen estaba tan conmovida que tomó una captura de pantalla del texto. “No me había dado cuenta de lo mucho que significaba para ese miembro de la familia”, dice. “Guardo eso en mis fotos como un recordatorio, a veces, de por qué estoy haciendo esto”.

 

Katherine J. WuCortesía de Katherine J. Wu

Katherine J. Wu

Katherine J. Wu es escritora de The Atlantic, donde cubre ciencia. También es productora sénior de Story Collider y editora sénior de The Open Notebook. Anteriormente, fue reportera científica para The New York Times. Tiene un doctorado en microbiología de la Universidad de Harvard. Síguela en Twitter como @KatherineJWu.

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