Cómo sintetizar ideas para escribir con autoridad

 

Este artículo fue traducido por Rodrigo Pérez Ortega y editado por Debbie Ponchner.

Cuando Jennifer Kahn se puso a trabajar en una historia sobre aprender a amar los transgénicos (“Learning to Love GMOs” ) para The New York Times Magazine, se enfrentó a un desafío familiar. El tema en continuo crecimiento de los alimentos genéticamente modificados puede revolverse en una sopa de desinformación científica, preocupaciones ambientales y ansiedades sobre el poder de los agronegocios. Kahn, periodista colaboradora de la revista, tuvo la tarea de convertir esos mismos ingredientes en algo más intelectualmente nutritivo y satisfactorio para los lectores.

Para hacer eso, necesitaba crear una historia clara y enfocada a partir de un tema complejo, eligiendo estratégicamente qué incluir y qué omitir. Y tuvo que fusionar las diferentes perspectivas de sus fuentes en una narrativa convincente —una que dejara a los lectores una conclusión clara, en lugar de una mezcla heterogénea de opiniones que el lector tuviera que elegir—. En este caso, Kahn mostró cómo los temores exagerados sobre los riesgos de los transgénicos amenazan con estrangular las aplicaciones realmente útiles de la tecnología.

Escribir con autoridad, como Kahn se propuso hacer en su artículo, requiere una combinación de experiencia, confianza y propósito. En parte narración experta, en parte tenaz búsqueda de la verdad, la autoridad es una de las cualidades más inefables de la buena escritura. Aparece cuando un escritor o escritora se hace cargo de una historia para priorizar la selectividad sobre la exhaustividad, el ímpetu sobre el uso excesivo de citas, el pensamiento riguroso sobre la circunspección “equilibrada”. En otras palabras, cuando un escritor sabe de lo que está hablando —y lo que quiere decir—.

La autoridad al escribir puede elevar cualquier historia científica, pero es particularmente esencial para los reportajes más largos y los ensayos reporteados donde simplemente presentar la información no será suficiente. “No se puede esperar que el lector llegue a su propia conclusión cuando se le presenten cien afirmaciones diferentes”, dice Kahn, quien enseña periodismo en la Universidad de California, Berkeley. “Necesitan dejar una pieza periodística sintiéndose informados no solo sobre los argumentos de cada lado, sino también sobre la legitimidad de esos argumentos y cómo se equilibran”.

Cultivar la autoridad requiere desarrollar una idea clara del contenido y el arco de una historia antes de sentarse a escribir, mantener el control narrativo ingobernable del tema y decidir llegar a una especie de conclusión. Esto puede ser desalentador para muchos escritores, especialmente para los principiantes, que pueden preocuparse por violar normas periodísticas como la objetividad y la atribución. Los escritores a quienes históricamente la sociedad no les ha otorgado autoridad, incluidas las mujeres y las personas de color, pueden encontrarlo particularmente desafiante.

Pero cuando está basado en reporteo sólido, deliberación imparcial y humildad, la autoridad al escribir puede ayudar a cualquier periodista a llevar sus historias al siguiente nivel. Los lectores lo reconocen instintivamente como la sensación de estar en buenas manos y dirigirse a algún lugar interesante.

 

Explorando un sendero

Escribir con autoridad comienza descubriendo exactamente de qué trata una historia, no solo el tema, o incluso el ángulo, sino precisamente qué terreno quiere cubrir el periodista entre la entrada y el final.

Durante el reporteo, los escritores deben realizar un estudio exhaustivo del paisaje de un tema —trazar un mapa de las principales características; aventurarse en un camino de caos y confusión, como cuando Alicia, en el país de las maravillas, cayó dentro de la madriguera; consultar los relatos de viajeros anteriores—. Pero eventualmente, tienen que dejar de explorar y comenzar a establecer la narrativa que quieren contar. “La autoridad proviene de las decisiones que tomas sobre el camino que sigues a través de tu material”, así como de “tu evaluación honesta del paisaje”, dice Jo Chandler, periodista freelance que enseña en la Universidad de Melbourne, en Australia. En otras palabras, la tarea del escritor no es crear un atlas, sino trazar un camino firme que los lectores puedan seguir a través de un terreno complejo.

Elegir un camino que valga la pena puede ser un desafío, especialmente después de deambular por una jungla de reporteo durante semanas o incluso meses. Antes de redactar un esbozo del escrito o poner palabras en la página, puede ayudar a los escritores primero volver a su propuesta de historia como un faro, recordándoles lo que inicialmente se propusieron hacer. Muchos descubren entonces que necesitan un periodo de contemplación dedicada para incorporar los matices descubiertos durante el reporteo —los picos, los barrancos y los matorrales del paisaje— y para excavar las implicaciones más amplias de la historia.

Esta etapa de pensamiento puede llevar horas o semanas, según la historia y el periodista. Puede implicar estudiar detenidamente notas, caminar, hacer garabatos, ducharse —cualquier cosa que ayude al escritor a visualizar posibles rutas a lo largo de la historia—. A veces, los escritores se ponen a trabajar solo para darse cuenta de que todavía tienen que reflexionar más. “Es una especie de lucha perpetua con el material”, dice Ferris Jabr, colaborador de The New York Times Magazine radicado en Portland, Oregón. Cuando se atasca, trata de articularse a sí mismo los puntos principales del artículo, o incluso un párrafo particularmente desafiante, de la manera más simple y clara posible. A veces, dice, “literalmente solo tienes que sentarte con tu cerebro por un tiempo”.

Idealmente, mientras explora cada faceta, el periodista puede anticipar y responder preguntas más pequeñas a medida que surgen en la mente del lector, atrayendo a la audiencia con curiosidad hacia el destino final del periodista.

Por ejemplo, mientras trabajaba en una historia sobre la vida social de los bosques (“The Social Life of Forests”), Jabr se sintió seguro de que estaba capturando la ciencia, pero quería decir más sobre cómo se cruzaba con otras disciplinas, como la historia y la economía. Eventualmente, se preguntó qué revelaban los bosques sociales sobre la evolución de manera más amplia y se dio cuenta de que iban en contra de la idea de la selección natural como un proceso fundamentalmente competitivo. Así que aprovechó la oportunidad para resaltar el papel pasado por alto de la cooperación en la historia de la vida en la Tierra.

Otra estrategia útil para estructurar un artículo que tenga autoridad consiste en enfocarse en la pregunta central de la historia. “Una vez que eso está ahí, las cosas comienzan a encajar”, ​​dice Aathira Perinchery, reportera ambiental de The Wire en India que anteriormente fue freelance. En su historia ganadora del premio Kavli para FiftyTwo, Perinchery preguntó: ¿Por qué los científicos están descubriendo tantas especies nuevas?

Una vez que se decidió por esa pregunta, Perinchery comenzó a trazar su historia, definiendo las secciones para que cada una proporcionara una parte de la respuesta. Comenzó con el descubrimiento de una nueva especie de rana en los Ghats occidentales de la India —un lugar de alta de biodiversidad— y luego exploró cómo las nuevas tecnologías han cambiado la forma en que los científicos definen las especies, antes de concluir con las implicaciones para la conservación.

Kahn describe este proceso como “girar la piedra preciosa”: rotar un tema para alumbrar las facetas clave que abordan la pregunta general de la historia. Idealmente, mientras explora cada faceta, el periodista puede anticipar y responder preguntas más pequeñas a medida que surgen en la mente del lector, atrayendo a la audiencia con curiosidad hacia el destino final del periodista. “Cualquier historia podría extenderse a todo el mundo”, dice. Pero saber hacia dónde se dirige una historia y las principales paradas en el camino puede evitar que los escritores se pierdan.

 

Despejando el camino

A medida que los escritores trazan el camino de su historia, tienen que hacerla transitable para los lectores, quitando piedras sueltas del camino, serpenteando suavemente por colinas empinadas, construyendo puentes improvisados ​​a través de arroyos. Al hacerlo, el periodista ejerce autoridad y mantiene el control de la narración al ser implacablemente selectivo sobre lo que se incluye en cada oración y párrafo.

Una forma sencilla de lograr esto consiste en recortar citas y atribuciones innecesarias. Con demasiada frecuencia, las historias científicas caen en un patrón de hecho-atribución-cita, que puede parecer formulista y laborioso cuando se usa en exceso. Esta tendencia a menudo se deriva del deseo bien intencionado de demostrar la profundidad del reporteo de un periodista y de dar crédito a las personas por sus ideas, las cuales son importantes. Pero también puede reflejar el miedo a equivocarse en algo, especialmente cuando un escritor tiene menos experiencia o se enfrenta a una ciencia complicada. “Realmente tienes que confiar en ti mismo”, dice Shannon Stirone, periodista freelance en la ciudad de Nueva York.

Stirone aprendió con el tiempo —y con el ánimo de sus editores— a usar su propia voz tanto como fuera posible. Parafrasear a menudo da como resultado una prosa más clara y convincente que sirve mejor a la historia y transmite un mayor sentido de autoridad. Por ejemplo, en un ensayo reporteado para Longreads sobre la misión de los científicos de mapear el cosmos, Stirone incluyó solo seis citas directas en más de 4.200 palabras. “Tienes que robar toda la información de tus fuentes y luego simplemente tomarla y hacerla tuya”, dice ella. (La historia de Stirone fue incluida en una antología en Best American Science and Nature Writing 2021).

Para evitar el uso excesivo de citas, Jabr dice que a veces escribe su primer borrador sin incluir casi citas de expertos, excepto las del personaje principal de una narración. Luego regresa para dejar espacio solo para los mejores comentarios que recopiló en las entrevistas —aquellos que van más allá de simplemente transmitir información para dar color, revelar personalidad o expresar la opinión sólida de una fuente—. Como suele ser el caso en la escritura de ciencia, las historias con autoridad generalmente no citan todas las fuentes que entrevista el escritor o escritora. (Una nota sincera de agradecimiento puede contribuir en gran medida a mantener buenas relaciones con las fuentes que no se mencionan).

Los escritores también pueden presentar a las fuentes que nombran de manera que ayuden a construir la narrativa, dice Rod McCullom, un columnista y escritor freelance de ciencia y tecnología de Undark radicado en Chicago. Las atribuciones pueden ser torpes y verbosas, dice, pero “también se puede contar una historia”. Por ejemplo, en una historia de Nature sobre el uso de inteligencia artificial para rebuscar en las redes sociales advertencias de violencia inminente con armas de fuego, McCullom presentó al investigador principal no con una cita, sino describiendo el momento en que se enteró de un adolescente asesinado cuyas publicaciones en Twitter inspiraron su enfoque. A medida que se desarrollaba la historia, las citas y los hechos atribuidos a ese investigador parecían provenir de una persona real —no de un experto inmaterial—.

Otra forma de escribir con más autoridad consiste en tomar las riendas de las secciones de la historia de trasfondo y la exposición.

Otra forma de escribir con más autoridad consiste en tomar las riendas de las secciones de la historia de trasfondo y la exposición. Aquí, el escritor debe poner al día a los lectores de manera rápida y atractiva, a menudo en el espacio de unos pocos párrafos. Eso significa continuar limitando las citas, especialmente para hechos bien establecidos, y omitir gran parte de lo que el periodista aprendió al reportear. “¡Esa es la parte que es secretamente desafiante porque quieres incluir todo!” dice Rivka Galchen, redactora de The New Yorker que también escribe ficción y enseña en la Universidad de Columbia.

El truco es curar cuidadosamente estas secciones para que atraigan a la mayoría de los lectores, no solo a aquellos que ya están interesados ​​en el tema, dice Galchen. Eso significa incluir solo los detalles más sorprendentes o importantes, y cualquier otra cosa que sea esencial para la comprensión de un lector que no está familiarizado. La historia de fondo también puede ser un gran lugar para transmitir voz y perspectiva. Por ejemplo, en una historia reciente sobre trasplantes de corazón de cerdo a humano, Galchen ofrece una breve historia de los trasplantes de órganos, principalmente en forma de anécdotas breves que van desde un bocado tentador hasta unas pocas oraciones. Por ejemplo, escribe, “un científico razonablemente eminente del siglo XX trasplantó una segunda cabeza en perros”, omitiendo detalles como el nombre del investigador, la afiliación y cómo les fue a los perros.

Las pausas naturales, los puntos de inflexión o las transiciones entre la exposición y la narración son otras áreas en las que la autoridad del escritor puede ser muy útil. Aquí, los periodistas pueden guiar a los lectores para asegurarse de que se mantengan en el camino y no pierdan ningún giro. Stirone a menudo usa lo que ella considera una “voz firme” para decirles a los lectores qué hacer con la información que acaban de recibir y recordarles por qué es importante la historia.

En el artículo de Longreads, por ejemplo, dedicó algunos párrafos narrativos a describir vívidamente su experiencia al observar a los trabajadores reparar una fuga de aceite en un telescopio de última generación en Arizona. Luego, inmediatamente recalcó su importancia para la humanidad: después de milenios de hacer mapas para “comprender su lugar en el contexto de las cosas”, este telescopio intentaría crear “el último mapa que los humanos pueden hacer”.

 

Llegar a un destino

Quizás el elemento más difícil de la autoridad de un escritor consiste en dirigir una historia hacia una resolución significativa. Muchos escritores evitan sacar conclusiones, ya sea porque se les ha enseñado a mantener sus propias ideas fuera de su trabajo, porque no quieren parecer parciales o porque no se sienten calificados para emitir un veredicto. Pero si los reporteros han hecho su tarea, entonces se han ganado el derecho de dar su evaluación honesta, dice Kahn. De hecho, “realmente le debes al lector aterrizar en algún lugar”.

Este enfoque difiere fundamentalmente de algo así como un artículo de opinión, en el que el autor trata de persuadir a los lectores de un punto de vista particular reuniendo evidencia a su favor. En un artículo periodístico, el escritor hace el arduo trabajo de reportear rigurosamente sobre el tema, tomándose el tiempo para escuchar y comprender diferentes argumentos e intentando comprender cómo se acumulan. Kahn dice que la clave es seguir investigando y pensando hasta que el escritor o escritora haya respondido satisfactoriamente la pregunta central de la historia en su propia mente. Luego, el escritor o escritora puede reportar lo que encontró en la historia, lo que le permite al lector seguir y digerir diferentes argumentos en lugar de sentirse empujado a estar de acuerdo.

En el artículo sobre organismos genéticamente modificados de Kahn, ella examinó los argumentos en contra de la ingeniería genética y concluyó que contienen pocas preocupaciones de seguridad válidas, y más bien se derivan de una comprensión confusa de la biología y del hecho de que los organismos transgénicos históricamente han beneficiado a las grandes empresas sobre los consumidores. Luego, destacó los beneficios reales que podría traer una nueva generación de organismos transgénicos para la salud humana y la sostenibilidad agrícola. “Ese no es un lugar sencillo para aterrizar”, dice ella.

En algunos casos, encontrar una respuesta es imposible. Pero una historia con autoridad aún puede dejar al lector con una sensación de cierre, incluso si es solo para maravillarse ante lo desconocido.

Algunas historias no pueden responder definitivamente a una pregunta motivadora. Después de todo, es poco probable que una historia de una revista —o incluso un libro— resuelva una pregunta que ha desconcertado a los pensadores durante siglos. Pero para pagarle de vuelta la atención a sus lectores, los escritores tienen la obligación de contribuir a la conversación presentando una perspectiva original. La clave es no pensar en ello como “la verdad con V mayúscula”, dice Jabr. “Tu trabajo es ofrecer algo para que el lector pueda considerarlo y ver si está de acuerdo”.

En algunos casos, encontrar una respuesta es imposible. Pero una historia con autoridad aún puede dejar al lector con una sensación de cierre, incluso si es solo para maravillarse ante lo desconocido. En un reportaje reciente de Hakai, Jabr preguntó si los humanos realmente pueden ser amigos de un pulpo. Es difícil decirlo sin preguntarle a un cefalópodo, que era el punto de Jabr. Simplemente no podemos saber. Pero aun así logró dejar a los lectores en un lugar satisfactorio al examinar lo que sabemos sobre la biología y el comportamiento del pulpo e ilustrar cómo nuestras creencias y emociones pueden llenar fácilmente los vacíos en nuestro conocimiento.

Poner ideas originales como esta sobre la mesa se siente intimidante incluso para los escritores experimentados. Para identificar suposiciones o lógicas defectuosas (y mantener a raya el síndrome del impostor), algunos escritores examinan sus ideas con amigos y fuentes de confianza. Si los periodistas están preocupados por posibles sesgos o puntos ciegos, pueden hacer lo que mejor saben hacer: reportearlos. Muchos escritores calman sus dudas confiando en que sus editores no dejarán que una historia horriblemente defectuosa salga al mundo. Y si resulta que una historia contiene errores, los periodistas deben estar preparados para admitir sus errores y trabajar para recuperar la confianza de sus lectores.

La posibilidad de tener que retractar un artículo publicado puede parecer más arriesgada para algunos periodistas que para otros, en particular para aquellos que están al principio de su carrera o pertenecen grupos poco representados. Como hombre de raza negra, McCullom dice que siente que tiene menos margen de error que otros. “No podía darme el lujo de cometer muchos errores públicos”, dice. Pero aun así ha cultivado un sentido de autoridad al desarrollar áreas específicas de especialización, como inteligencia artificial, biometría y delincuencia.

Por otro lado, los periodistas de grupos privilegiados pueden necesitar examinar críticamente la fuente de su autoridad, especialmente cuando reportean sobre países y comunidades que no son los suyos. “Mi autoridad, de alguna manera, solía ser que yo era la periodista blanca forastera que llegaba a un lugar de crisis”, dice Chandler, quien se describe como una periodista paracaidista en serie. Ahora, ella busca ganarse un sentido de autoridad a través de fuentes profundas y en el terreno, buscando oportunidades para cubrir los mismos lugares repetidamente y repensando su modelo de reporteo para colaborar con periodistas locales.

Hay muchas razones por las que un periodista puede sentirse incómodo al escribir con autoridad, y una medida de humildad ayuda a protegerse de llevar la autoridad demasiado lejos. Pero vale la pena superar las ansiedades y aprender a confiar en tu trabajo. “Tiene que llegar un punto en el que puedas hacerlo procesable en lugar de solo paralizante”, dice Kahn. “No puedes simplemente sentarte allí temblando en el fondo por la posibilidad de que se te haya escapado algo”.

 

Cortesía de Julia Rosen

Julia Rosen es una periodista freelance que cubre ciencia y medio ambiente desde Portland, Oregón. Sus escritos han aparecido en The New York Times, The Atlantic, Hakai, High Country News y muchas otras publicaciones. Síguela en Twitter como @1juliarosen.

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