Construyendo puentes: cómo crear analogías para guiar a tus lectores

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The lit-up bridge and buildings behind it are reflected in the calm river.
Durante siglos, el Puente de Carlos de Praga fue la única forma de cruzar el río Moldava. Al igual que los puentes, las analogías pueden establecer conexiones críticas entre ideas y ayudar a los lectores a seguir la estructura de una historia. alwyn22/Flickr

 

Crear una analogía es como montar un rompecabezas: tienes que lograr que todas las piezas encajen perfectamente antes de que puedas ver el cuadro completo. En realidad, no, escribir analogías es más como tejer un tapiz, hilando diferentes elementos juntos para hacer algo nuevo. Espera; a lo mejor hacer una analogía en realidad es más como construir un puente, uniendo dos ideas distintas que de otro modo no se conectarían.

Claramente, encontrar la analogía perfecta es difícil —si te equivocas, te arriesgas a complicar o simplificar demasiado tu exposición, o a llevar a tus lectores por un callejón sin salida (como mis esfuerzos podrán demostrar). Pero los riesgos valen la pena: una analogía bien hecha no solo explica una idea complicada, sino que puede ofrecer conexiones que ayudan a cargar a tus lectores a través de una historia y hasta puede proveer estructura y arte a la narrativa, como puentes memorables lo hacen en el paisaje de una ciudad.

“Es un trabajo de alfarería, de joyería”, buscando un equilibrio entre forma y función, dice la periodista colombiana con sede en Miami, Angela Posada-Swafford. Y, ella advierte: “No es fácil”.

En esencia, sin embargo, las analogías son cosas sencillas: Conectan dos ideas, típicamente relacionando algo complejo o desconocido con algo familiar. Muchas contienen metáforas, figuras retóricas que sugieren un parecido entre dos cosas sustituyendo una directamente por otra. Estas comparaciones suelen ser parte natural de nuestro vocabulario, especialmente como escritores.

“Siempre he usado las metáforas y las analogías, pero un poco instintivamente”, dice Posada-Swafford, quien ha escrito para el Miami Herald y el periódico colombiano El Tiempo, ha trabajado con Discovery Latin America y ha escrito novelas para niños. “Lo que siempre yo trato de hacer es intentar capturar la mente y el corazón al mismo tiempo”, proveyendo explicaciones claras junto con una historia emocionante y satisfactoria.

En las manos de un periodista científico habilidoso, las analogías funcionan como traductores, ayudando a llenar lagunas de conocimiento al convertir conceptos técnicos o especializados en un lenguaje que más lectores puedan entender. Mientras trabajaba en un artículo reciente, Posada-Swafford comparó las espinas de un cactus con la barba de un hombre, transformando una planta posiblemente extraña a algo familiar y hasta íntimo. Esta comparación añade detalles sensoriales vívidos, permitiendo que los lectores puedan imaginarse como la planta exótica se ve y se siente.

En temas más abstractos dentro la física, la astronomía y la neurociencia, las analogías pueden ser particularmente útiles para ayudar a los lectores entender y visualizar algo que nunca podrían ver. “Necesitamos cosas que sean familiares para nosotros”, dice Danielle Sedbrook, escritora freelance con sede en Alemania que escribe sobre química y física.

La mayoría de los reporteros concuerdan en los elementos básicos de una buena analogía: sencillez, comprensibilidad y precisión. Pueden proveer una base sólida para que los lectores entiendan conceptos difíciles y permiten a los periodistas enriquecer su historia con detalles. Pero por muy útil que puede ser una buena analogía, una mala —como un puente decrépito y tambaleante— te puede dejar varados a ti y tu lector.

 

Una tormenta de ideas

Las analogías suelen surgir como parte natural del proceso de escritura. Muchos escritores empiezan a recurrir a ellas cuando ven la necesidad de describir un concepto imprescindible pero difícil, sobre todo algo alejado de la experiencia cotidiana del lector. Si quieres llevar a un lector a un lugar donde nunca ha estado, podría hacer sentido construirle un puente.

Comparaciones convincentes pueden surgir dejándote inspirar por la maravilla natural de un tema e intentando relacionarlo a la vida cotidiana.

A veces no es un concepto lo que impulsa la búsqueda de una analogía, pero una necesidad de expresar un tono o sentimiento particular. Mientras trabajaba en una historia sobre un estudio cuestionable que causaba preocupaciones sobre la difusión de desinformación, Laura Dattaro, una escritora freelance quien trabajaba como reportera enSpectrum, consideró usar fuego para comunicar la rapidez con la cual la desinformación podría salirse de control desde solo una chispa. “La metáfora en sí ayuda explicar, pero también imbuye el ánimo o la vibra del [tema]”, ella dice.

Algunas ideas para analogías surgen incluso antes en el proceso: mientras hablas con las fuentes. “A veces hay un sentido cuando alguien está hablando sobre algo que esto tiene alguna poesía o belleza”, dice Dattaro. “Eso puede ser inspirador, como, quiero aprovechar de esa poesía y crear algo hermoso”. Para un artículo para Quanta sobre astrocitos, ella recuerda una de sus fuentes describiendo cómo estas células se fusionaban juntas en el cerebro como un tipo de manta enmarañada. Esto le hizo pensar en astrocitos como las redes de hongos de tierra que nutren los árboles en un bosque: “Mientras que las neuronas y sus dendritas ramificadas se suelen imaginar como arboles”, ella escribió, “los astrocitos son más como hongos, formando un mantel tejido firmemente que cobija al cerebro”.

También es útil notar si los científicos utilizan una comparación particular cuando hablan con sus compañeros, dice Sedbrook. Eso es una buena señal de que también podría ser una manera efectiva para explicar un concepto a los lectores.

 

Construye el puente

Independientemente de cómo un escritor identifique que una analogía encaja en una historia, el siguiente paso es crearla. Comparaciones convincentes pueden surgir dejándote inspirar por la maravilla natural de un tema e intentando relacionarlo a la vida cotidiana. Posada-Swafford viajó a través de la Antártida con investigadores y estaba asombrada con los icebergs, llamándolos sus “compañeros constantes de viaje” en su libro subsiguiente sobre el continente. Para ayudar a los lectores a conectar con esos gélidos compañeros, ella evocó texturas familiares, describiendo un iceberg como “redondo y suave, como una campana de cristal” y otro como “lleno de cráteres diminutos, como una bola de golf”. Ella dice: “La gente siempre me dice: ‘Cuando usted escribe yo mismo me imagino que estoy en el lugar’”.

Una vez que un escritor ha encontrado la analogía correcta, es importante integrarla dentro del artículo de una manera que sirva de apoyo la estructura de la historia, en vez de una explicación aislada.

En otras ocasiones, los escritores pueden crear una metáfora apropiada enfocándose en aspectos claves de un proceso o concepto que intentan explicar. Para un panel que produjo para el Festival Mundial de la Ciencia, Dattaro quería que la introducción hiciera referencia a la materia oscura, el material misterioso que los astrónomos están bastante seguros de que mantiene unido gran parte del universo. Importantemente, ella quería comunicar que la materia oscura es una estructura invisible con materia visible encima. “Esa idea de estructura se prestaba naturalmente para edificios”, ella dice. Finalmente, comparó la materia oscura al horizonte de la ciudad de Nueva York por la noche: no puedes ver los edificios, pero sabes que están ahí porque ves las luces. La visualización es útil, añade Dattaro, ya que “gran parte de lo que haces en escritura científica es escribir sobre cosas que no puedes ver.”

Si la comparación perfecta todavía se te escapa, puede ser útil recurrir a los expertos. Los reporteros le pueden preguntar a sus fuentes si hay un ejemplo que capture la esencia del proceso o concepto que estas tratando de explicar. Es muy probable que ya hayan pensado en una. “[Los científicos] llevan años tratando de explicarle estas cosas a sus familias y todo el mundo”, dice Natalie Wolchover, editora sénior en Quanta.

Y a veces una buena comparación puede estar escondida en el reporteo. Los escritores pueden mirar hacia atrás a conversaciones con las fuentes o a las lecturas para identificar momentos de claridad en su propia comprensión de un concepto. “Muchas veces, mis historias que tienen una analogía son porque yo necesitaba la analogía”, dice Dattaro. Por esta razón, las analogías pueden ser útiles para los periodistas incluso si no aparecen en la historia, ella dice.

Una vez que un escritor ha encontrado la analogía correcta, es importante integrarla dentro del artículo de una manera que sirva de apoyo la estructura de la historia, en vez de una explicación aislada. Wolchover sugiere primero explicar el concepto difícil y luego introducir la comparación. “Una vez que el lector tiene una idea aproximada, o al menos está intentando comprender el concepto, entonces se presenta la analogía al final que lo impulsa”, dice. “[Esto] sirve de apoyo al andamiaje de la explicación que tú ya proveíste”.

Analogías o metáforas extendidas también pueden ser útiles, volviendo a la misma imagen o comparación en diferentes momentos a través de la historia. Estos pueden proveer un punto de referencia para el lector, dice Dattaro. Y te permiten construir la comparación gradualmente, pasando de una simple tabla que conecta dos ideas al comienzo de la historia a un puente levadizo completamente funcional al final.

 

Calibrando para el público

Es posible que los escritores tengan que ajustar sus analogías, dependiendo de la geografía, la edad y el trasfondo del público, para asegurarse de que las referencias sean relacionables e inclusivas.

Clara Marques de Sousa, una escritora freelance brasileña que ha escrito para Medscape y el periódico brasileño Estadão, usa analogías para relacionarse con los lectores brasileños. La desinformación y la desconfianza son rampantes en Brasil, dice ella, haciendo que sea crítico conectar con sus lectores.

Para públicos más amplios, los escritores deberían referirse a temas y procesos más universales.

Las analogías más efectivas se basan experiencias o intereses comunes del público, Marques enfatiza. Esto significa que los periodistas deberían poseer el conocimiento tácito sobre el trasfondo y contexto cultural de su público. “Deberíamos tener una persona en mente”, dice ella. Mientras escribía sobre matemática para públicos brasileños, por ejemplo, a veces ella explica cosas a través del lente del deporte más popular del país. Un número grande como 10,000 es solo un concepto numérico abstracto, pero hacer referencia a la mitad de la capacidad de tal o cual estadio provee una imagen mental concreta y relacionable para su público.

Posada-Swafford también recurre a las referencias culturalmente específicas para ayudar a sus lectores a relacionarse con un tema. Por ejemplo, escribiendo en El Tiempo para un público colombiano sobre el narval, una ballena dentada que a menudo se compara con un unicornio, relacionó su colmillo con una melcocha, un caramelo largo, marrón y retorcido popular en Latinoamérica. “Yo no tengo sino que decir: ‘El colmillo del narval es como una melcocha de 4 metros’”, y todos entienden, dice ella.

Para públicos más amplios, los escritores deberían referirse a temas y procesos más universales, dicen las reporteras. “Yo no quisiera inventar una metáfora que requiera conocimiento o alguna experiencia de vida especial para saber de qué se trata”, dice Wolchover. Dattaro señala que las analogías basadas en la naturaleza, como comparar algo a un río o un bosque, podrían ser entendidas más ampliamente.

 

Cuándo dar un paso hacia atrás

Por mucho que una buena analogía pueda ayudar, una mala puede llevarte a un lugar al que no querías ir. Las analogías no siempre son necesarias y, si se hacen mal o se usan con demasiada frecuencia, pueden distraer de una buena historia, dice Wolchover.

Una mala analogía puede ser superficial o decorativa, y aportar poca comprensión o explicación. O puede alejar al lector demasiado del tema en cuestión por ser demasiado extensa o compleja. Wolchover recuerda haber leído un intento de explicar el flujo de información en un sistema cuántico utilizando una analogía basada en la economía, un tema complejo y difícil en sí mismo. Una analogía no debería obligar a los lectores a desperdiciar energía mental pensando en una comparación difícil.

Otro posible desperdicio de palabras son las comparaciones usadas en exceso, que pueden convertirse en clichés. Una analogía demasiado familiar a veces puede ayudar a los lectores a captar ideas complicadas, pero también puede resultar en un texto aburrido.

Dattaro también ha pasado por esto. Al intentar describir cómo los científicos aprenden sobre las partes no codificantes del genoma, lo comparó con explorar el espacio. Sin embargo, finalmente decidió que la comparación era demasiado compleja y distraería a los lectores. “Si la metáfora te lleva por otros cinco caminos que te alejan de tu destino, probablemente no sea una buena metáfora”, dice Dattaro.

Los editores también pueden ayudar a identificar cuándo no es necesaria una comparación. Al pensar en la desinformación, Dattaro se apresuró a utilizar la comparación a un incendio fácilmente provocado. Pero, aunque transmitía con precisión el problema, sus editores señalaron que no estaba cumpliendo ningún propósito en la historia. “Era simplemente un desperdicio de palabras”, dice. Finalmente, la eliminó de su historia.

Otro posible desperdicio de palabras son las comparaciones usadas en exceso, que pueden convertirse en clichés. Una analogía demasiado familiar a veces puede ayudar a los lectores a captar ideas complicadas, pero también puede resultar en un texto aburrido. Para encontrar un balance, Sedbrook utiliza una prueba práctica: si realmente no puedes idear una mejor comparación, puede tener sentido optar por la frase familiar.

Y hay algo peor que simplemente aburrir o confundir a su lector: desinformarlo activamente. Marques señala que una mala analogía puede reducir un concepto a un estereotipo incorrecto, ya sea por simplificar o exagerar excesivamente. “No quieres dejar que tu analogía sea engañosa de una manera que promueva demasiado la ciencia”, dice Sedbrook.

Desafortunadamente, depender en una analogía a veces puede ocultar la falta de comprensión de un escritor. Para evitar esto, discute las analogías con los científicos y asegúrate que realmente comprendes, dice Sedbrook. Intenta describir el tema sin recurrir a analogías; a veces, el lenguaje sencillo puede ser suficiente cuando no se presenta una analogía clara y profunda, dice Dattaro. Es mejor “no forzarlo, no todo necesita una metáfora”.

Sedbrook está de acuerdo: “Solo cuando siento que no tiene sentido sin ella o si hay alguna imagen visual muy fuerte que veo que realmente se conecta con ella, entonces uso una analogía”.

En última instancia, crear vínculos significativos entre conceptos requiere práctica, dice Posada-Swafford. Ella lee mucha poesía, busca palabras y significados nuevos y juega con el lenguaje para encontrar conexiones. Cuando tiene éxito, esos esfuerzos pueden ayudar a los lectores a construir sus propios puentes de comprensión.

 

Claudia López Lloreda Cortesía de Claudia López Lloreda

Claudia López Lloreda es periodista científica en The Transmitter y cubre temas de neurociencia. Obtuvo su bachillerato en biología celular-molecular de Universidad de Puerto Rico, Río Piedras, y su doctorado en neurociencia de la Universidad de Pensilvania. Fue parte de la clase del 2021 de la beca Mass Media de AAAS en STAT y trabajó como pasante para Science. Su trabajo también ha aparecido en Wired, Undark, Scientific American, Smithsonian Magazine y Science News. Claudia es becaria de TON, apoyada por el Burroughs Wellcome Fund. Encuéntrala en Bluesky como @claudia-lopez.bsky.social.

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