
La carrera de Maximiliano Manzoni como periodista de investigación especializado en cambio climático se remonta a un cibercafé en Paraguay a inicios de los años 2010. Mientras trabajaba en el café para mantenerse, Manzoni aprovechaba sus descansos y el acceso a internet para aprender por su cuenta el oficio del periodismo. Incluso en esos primeros años, se preguntaba cómo conectar de forma significativa con los lectores.
En 2016, cofundó El Surti, un medio digital en el que experimentó con diferentes técnicas narrativas —o de storytelling— digitales, desde Facebook e hilos de Twitter hasta carruseles de Instagram, podcasts, YouTube y Discord. Eventualmente, llevó lo que aprendió ahí a Consenso, un boletín electrónico por suscripción que fundó en 2024.
Consenso cubre clima, justicia y desinformación en Paraguay y el resto de Sudamérica. Manzoni dice que adoptar el formato de boletín electrónico le permite rendir cuentas de forma más directa a sus lectores, estar más conectado a ellos y depender menos del algoritmo de las redes sociales y del financiamiento externo. Esto es especialmente importante, sostiene, para el periodismo sobre clima y justicia porque desafían poderosos intereses políticos y económicos. “No quiero hacer periodismo si mi periodismo no va a estar supeditado al escrutinio de mis lectores antes que cualquier otra organización”.
Desde su fundación, Consenso ha publicado investigaciones sobre la influencia de las corporaciones de agronegocios en las políticas climáticas de América del Sur y sobre el otorgamiento de permisos de exploración de litio en territorios indígenas protegidos. El año pasado, Manzoni colaboró con una periodista de datos y una desarrolladora web para emprender un ambicioso proyecto que investigó los impactos del cambio climático en las escuelas públicas.
Combinando imágenes satelitales, datos gubernamentales y análisis geoespacial, el equipo analizó los efectos del calor extremo en las escuelas de Asunción, la capital de Paraguay, y Central, la región más poblada. Hallaron que el 95% de 759 instituciones que carecían de agua o ventilación adecuada estaban en islas de calor urbanas, lo que expone a más de 115.000 estudiantes a temperaturas extremas, y afecta su salud y bienestar. La investigación atrajo cobertura mediática a nivel nacional y generó una audiencia pública en la Cámara de Diputados de Paraguay.
Xilena Pinedo conversó con Manzoni sobre cómo construir investigaciones climáticas a partir de datos escasos, traducirlas en historias accesibles y lograr que el cambio climático resuene con lectores locales. Esta entrevista fue conducida en español, y editada por motivos de extensión y claridad.
¿Qué te llevó a crear Consenso?
Cuando salgo de El Surti, en medio de la crisis de [financiamiento de] medios en general, me propongo seguir haciendo periodismo. Yo ya tenía una carrera de casi diez años, de los cuales más de la mitad hice periodismo climático de investigación. Creía que todavía había una necesidad y había una audiencia para eso en Paraguay y en Sudamérica, en general. Pero lo que a mí me interesaba era cambiar la relación con las audiencias. Es decir, [yo quería] que dependamos lo menos posible del algoritmo, porque es un flujo pasivo. Crear un newsletter me parecía el paso natural para tener un medio que invitara a la gente a salir del scroll, que no necesariamente permite la profundidad y la complejidad de las conversaciones necesarias relacionadas al clima.
¿Podrías describir la relación con tus lectores?
La gente que paga por Consenso lo hace por dos razones. Una, porque leyó un artículo que le pareció interesante y se suscribió por ese artículo en específico, lo cual conserva una carga adicional de ‘Este es el tipo de cobertura que la gente quiere’. O paga [porque cree en la misión de] Consenso.
A la larga, más que una cobertura particular, lo importante es la conversación directa con nuestros lectores. Yo les mando correos constantemente, les explico nuestra metodología [y] trato de tener conversaciones uno a uno. Pueden estar de acuerdo o en desacuerdo conmigo, pero en lo que tenemos que estar de acuerdo es en la necesidad de que algo así exista. Todo lo demás lo podemos conversar, que es también por lo que le llamamos “Consenso” al medio.
¿Cómo ese compromiso permanente con tus lectores influyó en tu decisión de investigar el impacto del calor extremo en las escuelas?
Yo había accedido a un par de mapas de islas de calor que hizo el Banco Interamericano de Desarrollo con el Tecnológico de Monterrey en unas 500 ciudades en América Latina. En otros países, los gobiernos estaban utilizando esos mapas para tomar decisiones de política pública. En Paraguay, no se estaban usando, entonces dije: “Bueno, si el Estado no los va a usar, los vamos a usar nosotros”.
Y podríamos haber dicho simplemente: “Estas son las cinco zonas con más islas de calor”, pero pensamos que teníamos que traducir esto a lo cotidiano de la gente. Para nosotros era importante que el clima se agregara como una mirada a otras discusiones que se estaban dando en Paraguay. Una de esas discusiones, que se da desde hace muchos años, está relacionada con el estado de la infraestructura escolar [como la falta de baños adecuados, aires acondicionados, ventiladores o agua potable].
¿Cómo usaron datos para conectar esos problemas de infraestructura con el calor extremo?
Hicimos un trabajo de crowdsourcing —una recopilación de datos colaborativa—, que [inició con] datos oficiales de necesidades de infraestructura del Ministerio de Educación. Esa información está hecha por lo que reportan los docentes y los padres. Tuvimos que corroborar esa información y, en muchos casos, averiguar dónde estaban las escuelas, porque el propio ministerio no tenía la ubicación. La corroboración implicó buscar si [las escuelas] existían en Google Maps, revisar si tenían la ubicación puesta en sus páginas de Facebook, entrar a grupos de WhatsApp y Facebook de estudiantes, exalumnos y profesores para preguntar, y a veces llamar a profesores y padres de familia. Fue una combinación de varios métodos de recolección de datos.
Después, estaba el desafío de cómo ubicamos estas escuelas en el mapa de islas de calor. Nosotros estábamos trabajando con más de 1.200 escuelas. Era absolutamente imposible [analizar cada escuela] una a una.
¿Qué hicieron para afrontar ese desafío?
Surgió la idea de crear un programa [de computadora] que nos permita, primero, ubicar [las escuelas] y, segundo, cuantificar el riesgo [frente al calor]. [Lo llamamos] “Hakusito”, que [viene de la palabra haku que] significa calor en guaraní [una lengua indígena y oficial de Paraguay]. Es un programa que diseñamos y programamos, con financiamiento de nuestros suscriptores, que permite identificar cualquier punto de interés sobre un mapa solamente ingresando las coordenadas y el color [que indica distintos niveles de gravedad]. Yo le pido a Hakusito: “De todas estas escuelas, dime ¿cuáles están en el código rojo?”. Y así supimos cuántas escuelas que tienen problemas de acceso a agua, electricidad o a ventiladores, están en zonas de calor de riesgo alto, medio o intermedio en una ciudad en particular. Es un desarrollo tecnológico que a futuro vamos a poder utilizar no solamente en islas de calor, sino en cualquier mapa que use colores, como mapas de deforestación.

¿Esa es la razón por la que fue necesario trabajar el reportaje en colaboración?
Sí. Cuando nos dimos cuenta de que esto iba a ser un proyecto muy grande y con mucho impacto, usamos el dinero de las suscripciones para pagarle a una periodista para que nos hiciera el análisis de datos.
Aparte, pagarle a una desarrolladora web para que desarrollara a “Hakusito” con base a lo que necesitábamos. Nicolás Granada, que es fotógrafo y un colaborador permanente de Consenso, proveyó material fotográfico. Y, después, le pedimos a un académico que revisara toda nuestra metodología para que nos dijera si había algunos puntos débiles. Esa revisión también fue pagada.
¿Podrías explicar por qué decidieron utilizar el mapa interactivo como el elemento principal del reportaje en lugar de uno narrativo?
Uno de los elementos en términos de formato que desarrollamos desde Consenso son los mapas, porque es algo que yo sé hacer. Como comencé a trabajar en periodismo ambiental en términos rurales, una de las primeras cosas que tuve que aprender a hacer fue análisis de exportación para hacer investigaciones sobre, por ejemplo, soja, cuero o carne. Entonces, sistemas de información geográfica —o, en general, herramientas de análisis de código abierto— fue lo primero que tuve que adoptar.
Eso terminó convirtiéndose en uno de los formatos característicos de Consenso. Nosotros hacemos muchos mapas y análisis de datos. En este caso en particular, era porque teníamos ese mapa a disposición y también porque los mapas, en general, permiten dar una visión aérea de un problema que de otro modo lo verías a horizonte de los ojos. Te permiten entender el alcance del problema de una manera que escapa a las propias subjetividades.
Otros medios nacionales de gran alcance difundieron los principales resultados del reportaje. ¿Cómo te sentiste cuando eso ocurrió?
Yo creo que fue una confirmación de que el ángulo que decidimos era el correcto, trajimos una mirada nueva sobre un problema que otros medios ya venían cubriendo.
También tiene que ver mucho con el tono en el cual nosotros publicamos. Toda nuestra información es pública. Nos sentamos con periodistas de otros medios para explicarles la metodología y, sobre todo, no solamente nos enfocamos en las escuelas y sus problemas de infraestructura, sino en qué significa para la salud de niños, niñas y adolescentes.
Y también está el timing. [Un detalle] no menor es haber llegado con esa publicación para la semana en la que empiezan las clases.
¿Crees que esta difusión influyó en que, luego, el Congreso de Paraguay convocara a una audiencia pública para presentar los hallazgos?
Sí, definitivamente, porque inclusive si [las personas] no conocían a Consenso, la noticia salió en televisión y dos minutos de televisión tienen un impacto tremendo. Ahí fue cuando nos contactaron desde la oficina de una de las diputadas del Frente Parlamentario de la Niñez y la Adolescencia de la Cámara de Diputados. Ella me dijo: “¿Y qué te gustaría hacer sobre esto?”. Y le dije: “Hagamos una audiencia pública”.
Invitamos a todas las instituciones que hablan sobre el tema: asociaciones de padres, cuatro asociaciones de estudiantes, representantes de seis municipios, de la gobernación, del Ministerio de Educación y Ciencias, del Ministerio de la Niñez y la Adolescencia, del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible, de la Cruz Roja y, por supuesto, senadores y senadoras de varios partidos políticos.
¿Cómo eso ayudó a aumentar el impacto de la historia?
Permitió tener un espacio de conversación sobre las razones de por qué sucede esto. También permitió un intercambio directo sobre la corrupción relacionada a la construcción de escuelas en muchos municipios. Pero, por sobre todo, instaló la conversación al interior de las entidades y las organizaciones presentes, hasta el punto que la directora nacional de Cambio Climático terminó reconociendo que la audiencia pública era un hito en la historia de las políticas climáticas. Nunca antes se había hecho una audiencia pública [para analizar] el impacto del clima en un lugar o en un sector particular, como la educación.
Y, al mismo tiempo, me sirvió para decirle a mis suscriptores: “Por esto es importante que nosotros hagamos este periodismo”, porque es el que habilita conversaciones que no existían antes.
¿Hubo alguna cobertura de seguimiento?
Sí, trabajamos dos historias desde entonces. Una de ellas relacionada a por qué algunas escuelas que identificamos tenían problemas de infraestructura. Principalmente, era que la plata existía, pero como el municipio [no justificó los gastos anteriores], los fondos estaban congelados. [Y] ahora queremos hablar de las causas de por qué hay tantas islas de calor en Asunción y Central.
Xilena Pinedo es una periodista peruana de ciencia que cubre salud, medio ambiente y cambio climático en América Latina. Su trabajo se enfoca en la justicia medioambiental y la relación entre investigación científica, políticas públicas y conocimientos indígenas. Síguela en X e Instagram.
