Cómo cubrir ciencia en contextos de conflicto

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Two people stand amid the twisted wreckage of a collapsed structure.
Un empleado del Instituto de Radiofísica y Electrónica O. Ya. Usikov en Kharkiv, Ucrania, examina los daños sufridos durante las hostilidades lideradas por Rusia. Valentyn Kuzan/Science at Risk

 

El 10 de octubre de 2022, Richard Stone se encontraba en Ucrania cubriendo los planes para convertir la ciudad de Slavutych en un centro científico dedicado al desmantelamiento del reactor nuclear destruido de Chernóbil. Stone, exeditor de noticias internacionales y ahora corresponsal sénior internacional de Science, viajaba con un grupo de investigadores de Kiev a Chernóbil cuando un misil de crucero cruzó repentinamente a través del cielo azul, desde lo que pareció solo 30 metros por encima de ellos, seguido por dos misiles más. La embestida fue uno de los ataques con misiles más grande de Rusia desde el comienzo de su invasión a gran escala de Ucrania en febrero de ese año. Me hizo ver de forma muy cercana y personal lo que estaba sucediendo en la guerra”, dice Stone.

En Ucrania, Gaza, Sudán y otros innumerables lugares, los disturbios están siempre presente en todo el mundo. En los conflictos, los desastres humanos y ambientales suelen ir de la mano. Las comunidades se enfrentan a las consecuencias de la escasez de alimentos y agua potable, y al escaso acceso a cuidado médico, además de a un elevado número de muertos. Las herramientas de guerra, incluyendo las bombas y los tanques, degradan el medio ambiente. Y los conflictos paralizan la propia actividad científica cuando las vidas de los investigadores se ven trastocadas y la infraestructura académica es dañada o atacada deliberadamente.

Estas son historias científicas importantes que contar. “No deberíamos evadir estos temas”, dice Layal Liverpool, periodista científica freelance con sede en Berlín. Con demasiada frecuencia, la cobertura de los conflictos ignora los impactos más profundos en la salud y la ciencia. En Venezuela, por ejemplo, los cortes de electricidad y agua han descarrilado y continúan alterando la vida diaria de las comunidades; sin embargo, la cobertura de muchos medios se ha enfocado más en las disputas políticas que alimentan esas crisis que en sus consecuencias, dice Luisa Salomón, periodista de Prodavinci. “La crisis real humanitaria seguía profundizando.” Para Salomón y otros periodistas que viven donde se están desarrollando conflictos, cubrir estas historias también es personal: “Es parte de nosotros”, dice.

Para encontrar y contar historias científicas de regiones en caos, los periodistas internacionales y locales por igual tienen que buscar ángulos únicos, recopilar y verificar el contexto sobre los conflictos, rastrear y proteger las fuentes y, sobre todo, mantenerse a salvo en áreas donde los periodistas pueden ser blanco de la violencia.

 

Desenterrando historias científicas

La guerra puede sacar a la luz una gran cantidad de historias científicas, desde la destrucción ambiental hasta problemas de salud, como brotes de enfermedades, y los daños físicos y psicológicos de la violencia. Cubrir historias científicas desde una zona de conflicto ayuda a los periodistas a ir más allá de las consecuencias inmediatas de la guerra.

Un ángulo importante es cómo los conflictos obstaculizan la investigación científica en las regiones donde se desarrollan. Las instituciones académicas y otras facilidades pueden caer en la mira de los ataques, resultando en investigadores desplazados, laboratorios destruidos y experimentos interrumpidos, como en la guerra entre Israel y Gaza. En Ucrania, los investigadores y los fundadores de la publicación científica ucraniana Kunsht crearon Science at Risk, una plataforma digital que narra la destrucción de la infraestructura científica y los esfuerzos para reconstruirla. Puedes examinar la colección de artículos, documentos técnicos, y una lista de proyectos e infraestructura afectados por la invasión rusa a gran escala. La plataforma también alberga una base de datos de científicos ucranianos que se pueden buscar por diferentes temas.

Para encontrar científicos afectados por conflictos en otras regiones, los periodistas pueden seguir las actualizaciones de instituciones científicas en esas áreas, así como de las academias nacionales de ciencia específicas de cada país. Cubrir ciencia interesante que todavía se está realizando a pesar de las condiciones precarias fortalece la empresa científica y mantiene a los lectores informados. “Los intereses que teníamos [los periodistas] antes de la invasión a gran escala, no desaparecieron”, dice Olesia Pavlyshyn, periodista científica ucraniana y editora en jefe de Kunsht. “Aún necesitamos [historias] sobre vacunas o sobre el desarrollo de la física en Ucrania”.

Las historias que surgen de regiones devastadas por la guerra inevitablemente deben ir más allá de la ciencia y reflexionar sobre el contexto de los conflictos.

La cobertura de otros medios también puede contener semillas de historias más grandes sobre cómo el conflicto afecta a la ciencia. Por ejemplo, un videorreportaje de Al Jazeera sobre científicos ucranianos sirviendo en las líneas del frente de la guerra despertó el interés de Liverpool en la investigación antártica de Ucrania. El artículo que publicó en Natureen 2023 se centró en cómo la escasez de personal y la pérdida de datos están interrumpiendo la ciencia climática en la Estación Vernadsky en la Antártida. Similarmente, Stone dice que estar al tanto de las noticias internacionales, junto con sus contactos, informó muchos de sus artículos sobre el estado del programa nuclear de Irán.

Otra fuente de historias es la vasta literatura que explora los impactos de los conflictos. La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, y el Grupo del Banco Mundial, por ejemplo, publican reportes que recopilan análisis sobre las ramificaciones relacionadas a los conflictos, como los daños al sector científico ucraniano y la inseguridad alimentaria en Yemen, respectivamente. Y la Organización Mundial de la Salud publica comunicados de prensa que cubren problemas de salud en Líbano, Gaza y otras regiones.

También puedes buscar en bases de datos académicas estudios, revisiones, y comentarios, incluyendo aquellos sobre las consecuencias ambientales de la guerra o el resurgimiento de polio en Gaza. La lectura de literatura impulsó a Stone a viajar a Irán para realizar un reportaje, después de que se topara con un párrafo sobre investigadores iraníes que investigaban los impactos a largo plazo de las armas químicas utilizadas en la guerra entre Irán e Irak en la salud, en un informe de 2017 de las Academias Nacionales de Estados Unidos. Su artículo resultante para Science de 2018 cubrió los efectos moleculares del gas mostaza, tres décadas después de que se liberara la sustancia química.

Encontrar ángulos únicos como este refresca la cobertura vieja y cansada, especialmente en regiones donde los lectores fatigados han presenciado los mismos conflictos durante años. “Si ya tu vives en el infierno, pues el calor no es noticia”, dice Salomón. Similarmente, las historias científicas en medio de un conflicto no siempre tienen que ser negativas. Los periodistas pueden buscar historias de soluciones que buscan resaltar la esperanza y la innovación. En Gaza, por ejemplo, una organización humanitaria ayudó a imprimir torniquetes y estetoscopios en 3D, y en Yemen, una estación solar dirigida por mujeres empodera comunidades locales. En Ucrania, la publicación Rubryka recopila y publica historias sobre soluciones locales, como una aplicación que ofrece terapia para niños, una clínica ginecológica móvil y robots no tripulados diseñados para rescatar a soldados y civiles heridos.

 

Recolectando contexto

Las historias que surgen de regiones devastadas por la guerra inevitablemente deben ir más allá de la ciencia y reflexionar sobre el contexto de los conflictos: ¿cuál es la raíz de los disturbios? ¿Cuáles son los diferentes “bandos”, quiénes son las figuras principales y qué es importante para ellos? ¿Cómo influyen estos detalles en la investigación, la salud o las preocupaciones ambientales? Al recopilar esta información, asegúrate de dejar atrás tus suposiciones sobre un conflicto. “Estas allí para entender lo que está sucediendo”, dice Andrew Lawler, quien cubre arqueología como corresponsal para Science.

Recuerda que muchas fuentes en zonas de conflicto han experimentado traumas, desde la pérdida de sus hogares y medios de vida hasta la pérdida de seres queridos.

Los funcionarios de gobierno o líderes de agencias locales pueden proveer a los periodistas información de fondo sobre un conflicto. Dicho esto, los periodistas deberían corroborar los detalles de las declaraciones del gobierno con fuentes externas, dice Lawler. Ponte en contacto con organizaciones sin fines de lucro que no tengan un interés directo en el conflicto, que pueden ayudarte a encontrar fuentes confiables. Eso ayuda a “obtener un poco de verdad para que no estes simplemente repitiendo una línea del gobierno”, dice.

Al buscar estadísticas de una región, como cifras de muertes y tasas de infección, ten en cuenta que estos datos suelen evolucionar y su precisión puede ser cuestionable, dependiendo de la región. En Gaza, por ejemplo, la destrucción de hospitales y otra infraestructura hace que estimar el número de muertes sea extremadamente difícil. Y algunos gobiernos pueden excluir o tergiversar intencionalmente los datos para engañar al público. Verifica las estadísticas con múltiples fuentes, dice la periodista de salud global del New York Times Stephanie Nolen, quien también recomienda usar datos de las Naciones Unidas. Para su cobertura sobre la hambruna en Gaza, Nolen dice que también buscó información de la Clasificación Integrada de la Seguridad Alimentaria en Fases.

Ampliar tus fuentes más allá de científicos y funcionarios del gobierno también arraiga una historia con contexto. Lanzar una amplia red “te permite ver que esto es más matizado de [lo] que podría parecer en un estudio de Nature”, dice Sara Reardon, una periodista freelance que anteriormente cubrió la ciencia después de las tensiones en Colombia y Cuba. Para un artículo de Nature de 2018 sobre las raíces psicológicas de la violencia, por ejemplo, los investigadores ayudaron a Reardon a concertar entrevistas con exmilitantes. Cuando estaba en el extranjero, Reardon también se acostumbró a hablar con fuentes en las comunidades que cubre, como personal de hoteles o personas que quieren practicar inglés. éstas interacciones ayudaron a Reardon a captar sentimientos sobre los conflictos que estaban “burbujeando bajo la superficie”, dice.

 

Cómo contactar y proteger a tus fuentes

Entrevistar a fuentes en zonas de conflicto conlleva desafíos adicionales, desde barreras logísticas hasta consideraciones de seguridad. El deterioro de la infraestructura podría generar acceso irregular de Internet o un servicio telefónico poco confiable. O las fuentes pueden haber huido a lugares remotos donde ninguno está disponible. Prueba métodos de comunicación alternativos que permitan más tiempo y no dependan de una conexión en tiempo real, como intercambiar notas de voz.

A veces, la mejor manera de cubrir estas historias es en persona, donde puedes localizar fuentes y obtener detalles vívidos que no se pueden obtener desde lejos.

En algunos casos, puede estar prohibido o ser peligroso para los investigadores comunicarse a través de correo electrónico, especialmente si viven bajo regímenes autoritarios. Este fue el caso para Stone cuando quiso hablar con vulcanólogos y sismólogos de Corea del Norte para un artículo de 2011 sobre la amenaza de erupción del monte Paektu. En lugar de comunicarse directamente, él se comunicó con estos investigadores a través de sus contactos en otras regiones. Los periodistas también pueden optar por plataformas de comunicación con cifrado de extremo a extremo como Signal o WhatsApp.

Recuerda que muchas fuentes en zonas de conflicto han experimentado traumas, desde la pérdida de sus hogares y medios de vida hasta la pérdida de seres queridos. Los efectos de la guerra en Ucrania quedaron claros para Liverpool cuando habló con científicos ucranianos que habían regresado a su trabajo luego de servir en la frontera. “Esto solo son científicos que son bien apasionados de su trabajo, como cualquier científico, pero al mismo tiempo están navegando la dificultad de la guerra y preocupándose por sus familias”, dice. Comienza con preguntas fáciles, como de dónde son y qué tipo de trabajo hacen. Entonces ve construyendo hasta llegar a preguntas más sensibles y mantente listo para dar marcha atrás si tu fuente muestra signos de angustia.

La seguridad de tus fuentes también puede estar en riesgo. Tomate el tiempo para explicar las normas periodísticas, como el uso de nombres y apellidos, y lo que se considera “on the record” y confirma qué información tus fuentes se sienten cómodas compartiendo. Con las fuentes indecisas, establece una relación compartiendo ejemplos de historias sensibles que hayas reporteado y discute las medidas de seguridad digital que planifiques utilizar. “Es muy importante que las personas confíen en que pueden contarte su historia, porque en estas situaciones, contar la historia puede ser una sentencia de muerte”, dice Lawler.

 

Botas al suelo

A veces, la mejor manera de cubrir estas historias es en persona, donde puedes localizar fuentes y obtener detalles vívidos que no se pueden obtener desde lejos. En cualquier viaje internacional de reporteo, la preparación previa es clave. Pero cuando estas viajando a regiones en conflicto, tu seguridad y protección dependen de ello.

Alrededor del mundo, las muertes de periodistas se han disparado, según un informe del 2024 publicado por el Comité para la Protección de los Periodistas (CPJ, por sus siglas en ingles). Ciento treinta y siete periodistas han sido asesinados en relación con su trabajo debido a la guerra entre Israel y Gaza, y el número sigue aumentando, según datos del CPJ. Y en muchas otras regiones, los periodistas se enfrentan a la hostilidad. “No es una situación sana para trabajar, porque todas las personas tienen miedo”, dice el periodista científico Shihab Jamal, quien dice que tuvo que escapar su país natal de Yemen cuando el gobierno comenzó a arrestar a ciudadanos con vínculos con Occidente, incluidos los medios de comunicación occidentales.

Antes de organizar un viaje, reúne toda la mayor cantidad de información posible sobre las áreas que piensas visitar. Lawler recomienda estar muy atento a los últimos desarrollos en un conflicto, estudiar las estructuras y jerarquías gubernamentales, y verificar la información con múltiples fuentes siempre que sea posible. En un viaje de reporteo a Afganistán, por ejemplo, Lawler viajó a una región donde una fuente le había dicho que era segura, pero tuvo un encuentro cercano con los talibanes. Aprende todo lo posible del idioma de la región antes de tiempo, dice Nolen. Incluso saber un poco puede ayudar a solucionar cualquier problema de comunicación y hacer que las entrevistas sean más fluidas y breves.

En todo momento, los periodistas deben evaluar las ventajas y desventajas entre los riesgos y obtener la historia, manteniendo la seguridad como la máxima prioridad.

Prepárate para las barreras logísticas y la burocracia: calcula tiempo adicional para obtener la aprobación de las visas y considera planes de viaje alternativos en caso de que sus planes se vean frustrados durante el viaje. Al entrar en zonas de conflicto, también puedes encontrarte con mayores medidas de control fronterizo o seguridad, lo que pueden consumir tu tiempo de reporteo.

Una vez que estés allí, toma decisiones teniendo en cuenta la seguridad. Mantente cerca de los investigadores y otras fuentes de confianza, y evita estar solo. Viajar con fuentes “que tienen mucha experiencia con las logísticas de visitar estos lugares y muchas conexiones en la comunidad es siempre lo mejor que puedes hacer”, dice Lizzie Wade, periodista freelance y corresponsal de Science. Cuando ella viajo a el Golfo de Urabá de Colombia en 2018, por ejemplo, se quedó con los geólogos a quienes estaba cubriendo. Aunque la ocupación guerrillera allí había terminado, la región todavía parecía un poco “sin ley ni gobierno”, recuerda.

Los periodistas también pueden asociarse con reporteros locales o contratar “fixers” para que los ayuden a navegar por áreas desconocidas y a conocer las normas culturales. Seguir las reglas de una región, incluyendo las implícitas, te puede ayudar a evitar problemas. Dicho esto, es importante planificar para los peores escenarios. Wade estableció una palabra de seguridad con el Centro Pulitzer, que financió su viaje en 2018, en caso de que la secuestraran. Y Stone sugiere informar a la embajada de tu país sobre tu viaje de reportaje y mantener a tus editores informados sobre su itinerario.

Para los periodistas locales que viven en medio de un conflicto e intentan cubrirlo al mismo tiempo, establecer una red de apoyo sólida es clave. En Venezuela, “el riesgo es muy alto”, dice Salomón, pero sus colegas le dan valentía. “El periodismo venezolano no habría sobrevivido y no estaría ahorita, si no fuera porque hay un grupo grande que sigue intentando y que sigue apoyándose”, dice.

En todo momento, los periodistas deben evaluar las ventajas y desventajas entre los riesgos y obtener la historia, manteniendo la seguridad como la máxima prioridad. “Muchas veces tengo miedo ”, dice Nolen. “Pero si estoy en un lugar donde tengo miedo, es porque he hecho ese análisis y he decidido que lo que vamos a intentar obtener, o averiguar, o ver, o confirmar, vale la pena.” Según Nolen, estas decisiones pueden ser difíciles: requieren un instinto que solo se puede adquirir con la experiencia de reportear desde condiciones hostiles. “No hay un buen curso que puedas tomar en la universidad que te enseñe”, dice. “Yo aprendí haciéndolo”.

 

Claudia López Lloreda Cortesía de Claudia López Lloreda

Claudia López Lloreda es una periodista científica especializada en neurociencia, salud mental y psicología. Obtuvo su bachillerato en biología celular y molecular en la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras, y su doctorado en neurociencia en la Universidad de Pensilvania. Fue becaria de medios de comunicación de 2021 en STAT, trabajó como pasante de noticias para Science y ahora es freelance a tiempo completo. Su trabajo también ha aparecido en Wired, Undark, Scientific American, Smithsonian Magazine y Science News. Actualmente reside en Nueva York, donde es pasante en The Transmitter.

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