Cuando el hijo adolescente de la periodista freelance Nicola Jones trajo a casa una tarea en la que tenía que explicarle a un extraterrestre cómo cepillarse los dientes, ella no pudo evitar reírse. “Eso es básicamente lo que hago todo el tiempo”.
En su trabajo como editora de comentarios de investigadores académicos y otros expertos para publicaciones como Nature, Jones ayuda a los especialistas a explicar sus mundos (y visiones del mundo) a personas de otros ámbitos. Los artículos de opinión, explicativos y similares permiten a los expertos compartir investigaciones, recomendaciones y experiencias personales directamente con los lectores, ofreciendo perspectivas que van más allá de las breves citas que aparecen en una historia reporteada por un periodista.
Quienes se especializan en la edición de artículos de expertos suelen provenir del periodismo. Tras una etapa como reportera, trabajé durante más de una década en la sección de opinión de Nature, donde encargaba y editaba artículos de expertos en políticas públicas, científicos de alto nivel y administradores universitarios. Hoy, realizo una labor muy similar para la revista de política científica Issues in Science and Technology.
Editar a expertos requiere todas las habilidades para editar a periodistas profesionales, pero exige mayor diplomacia y una clara orientación hacia las normas y prácticas éticas del periodismo. Preservar la voz del experto sin dejar de respetar los estándares editoriales de tu medio no es tarea fácil. Tienes que gestionar las habilidades de escritura, los egos y los intereses de los autores para producir artículos precisos y accesibles que mantengan el interés de los lectores.
A menudo, el trabajo más importante viene antes de que el autor comience a escribir su borrador. Es fundamental establecer una conexión humana y dejar claro el objetivo de la asignación. Fundamentalmente, el editor actúa como un “compañero de reflexión”, colaborando con el autor para encontrar el enfoque adecuado para su obra, afirma Candice Bailey, editora de iniciativas estratégicas de The Conversation Africa. Cuando son exitosas, las relaciones entre editor y autor pueden dar lugar a historias únicas, y a colaboraciones duraderas y fructíferas.
La preparación
Editar el trabajo de vida y las ideas más preciadas de alguien puede ser una experiencia intelectualmente íntima. También es un proceso que muchos jamás han vivido. Por eso, “la absoluta primera cosa que tienes que hacer es establecer una relación de confianza”, dice Jones. Llama al experto y cuéntale sobre ti y tu trabajo, ella aconseja. Cuando los autores te perciben como un profesional concienzudo y competente, estarán más dispuestos a salir de su zona de confort para usar anécdotas personales y un lenguaje informal que hagan que los artículos sean cautivadores.
Es más fácil para un científico adaptar su escritura al público objetivo cuando se ve a sí mismo como un ser humano que trabaja con un editor humano y escribe para otros seres humanos, dice Fenella Saunders, editora en jefe de American Scientist. Presentar las asignaciones como un trabajo en equipo también puede motivar a los expertos a tomarse más en serio las sugerencias (y las fechas límites) de los editores. Si bien American Scientistofrece a los posibles autores varias páginas de guías y un vídeo sobre el proceso, Saunders considera que lo mejor es comenzar con una conversación real sobre qué se necesita para que un artículo sea interesante y relevante.
Pídele a los expertos que se centren en esa idea clave que quieren que sus lectores se lleven de su artículo
Incluso el objetivo de escribir de forma accesible puede requerir una explicación detallada. Los expertos están capacitados para incluir advertencias detalladas, matices y métodos específicos en sus escritos académicos. “Realmente estás tratando de incluir todo lo que tus colegas necesitarían saber para entender lo que has hecho”, dice Robin Mejia, quien fue una periodista galardonada antes de obtener su doctorado en bioestadística y unirse a las filas de la academia. “Como periodista científica, mi objetivo sería hacer que algo fuera lo más simple posible sin que fuera incorrecto”. Intentar escribir de esa manera puede resultar incómodo para los investigadores, dice.
Los académicos también están acostumbrados a lectores que conocen su campo tan bien como ellos y que tienen la obligación profesional de mantenerse al día, afirma Michael Lemonick, exeditor jefe de opinión de Scientific American. Incluso pueden llegar a asumir que el texto que envían se publicará prácticamente palabra por palabra. Lemonick insiste en recordar a los autores que los lectores en general siempre pueden poner atención en otra cosa si se aburren o se confunden, sin importar qué tan prestigioso es el nombre que firme el texto. Y si un editor se siente intimidado por los logros o el conocimiento del tema de sus autores, debería recordar: “Ellos son los expertos en ciencia”, dice Lemonick. “Tú eres el experto en cómo contar una historia”.
Eso no significa que estés obligado a enseñarle a tu escritor cada detalle del oficio. No pasa nada si los autores creen que un nut graf, el párrafo que le indica al lector de qué va la historia, es un tipo de cereal, o que “TK” (abreviatura de “to come” que se usa para marcar algo que falta en el texto y se agregará después) es un error extraño, pero deben entender que su trabajo no termina al enviar el primer borrador. Hay que dejarles claro a los autores que las revisiones llevarán tiempo, dice Saunders. “No se puede apresurar esto”.
Cómo refinar el ángulo
He descubierto que, antes de poder ayudar a autores expertos a explicar sus ideas a audiencias no especializadas, primero tengo que explicarle a mi autor cuáles son los objetivos de un texto de este tipo. Bailey considera útil decirles a los autores que se “deshagan de todo lo que han aprendido” sobre cómo escribir de manera académica y que no aborden los artículos de opinión como si estuvieran escribiendo un trabajo académico más corto y con menos jerga. En cambio, a veces les aconseja que conciban estos textos como un resumen ampliado: una síntesis de alto nivel, aunque con un lenguaje menos técnico y con mayor contexto.
Plantea las peticiones como parte de tu trabajo. El rol de un editor es abordar las lagunas en la lógica del experto que podrían causar confusión a los lectores.
El desafío suele estar más en la forma de pensar del autor que en los mecanismos propiamente dichos de la escritura, dice. “El principal problema con el que más luchan es encontrar el ángulo, decidir qué es lo que quieren comunicar”. Bailey pide a los expertos que se centren en esa idea clave que quieren que sus lectores se lleven de su artículo. Yo suelo adoptar un enfoque similar y les pregunto a mis autores qué quieren que los lectores piensen o hagan de manera diferente después de leer su artículo. La larga pausa que a veces sigue a mi pregunta me dice que todavía no han articulado esas ideas principales ni para ellos mismos.
John Whitfield, editor de opinión de Research Professional News, explicó en un correo electrónico a The Open Notebookque, en sus primeros años como editor, solía explicar de forma insuficiente cuáles eran las expectativas y terminaba haciendo una edición exhaustiva de los borradores que recibía. Ahora procura conversar con los autores antes de que empiecen a escribir y luego les da seguimiento con una lista de puntos clave en la que propone la estructura y el contenido del artículo. “Eso hizo que el proceso de escritura y edición fuera más fluido, y me dio una especie de mandato para imponer o pedir ciertas cosas si no estaban en el primer borrador”.
Cómo profundizar en un borrador
Cuando recibo el primer borrador, lo reviso en busca de supuestos que deban aclararse e intento ignorar los problemas estilísticos más simples que suelen aparecer en textos escritos por expertos. Leo cada borrador al menos dos veces para comprobar que tenga la estructura necesaria, además de un argumento claro y suficiente contexto para que los lectores se interesen.
Lemonick busca maneras en que los autores puedan hacer que su trabajo sea más personal. Recuerda, por ejemplo, haber recibido un borrador de una joven investigadora que comenzaba con una definición técnica y aburrida de una afección neurológica. Siguiendo una corazonada, le escribió preguntándole si ella la padecía. Ella dijo que sí y él le aconsejó que no comenzara con un “capítulo de enciclopedia”, sino con su experiencia personal. Ella regresó con “una entrada magnífica”, recuerda Lemonick, “y el resto del escrito fue excelente”.
Muestra lo que quieres que hagan tus autores en las revisiones. Por ejemplo, señala las oraciones largas y complejas con la pregunta “¿Te refieres a…?”
A veces, cuando los expertos se liberan de las restricciones de la escritura académica, olvidan que aún es necesario desglosar su lógica o respaldar sus argumentos. Cuando veo un borrador con generalizaciones excesivas, evidencia faltante o incongruencias lógicas, rara vez paso directamente a las revisiones. En cambio, respondo con una lista numerada de preguntas y pido citas, como informes técnicos, datos oficiales y artículos académicos. Esto es esencial para producir un artículo en el que los lectores puedan confiar, pero puede hacer que el proceso de edición sea estresante. Cuando se les pide que justifiquen sus argumentos o verifiquen la evidencia, los autores pueden sentir que se está cuestionando su autoridad. La clave es ser a la vez diplomático y firme, dice Saunders. Una forma de calmar los egos es plantear las peticiones como parte de tu trabajo. El rol de un editor es abordar las lagunas en la lógica del experto que podrían causar confusión a los lectores. “Estás tratando de ayudarlos a construir el argumento más sólido posible”, dice Corinna Wu, editora sénior de opiniones en Undark.
Programar otra reunión con un experto puede ayudar a resolver problemas más complejos. Si la lógica es complicada, el contenido complejo o el autor parece restar importancia a los contraargumentos, suelo solicitar otra conversación. Considera grabar las conversaciones (con permiso), tal como lo harías si trabajaras como periodista. Esto puede ayudarle a completar la información faltante con las propias palabras del autor, incluso cuando un artículo necesita ser reescrito en gran parte. Cuando las personas hablan, a menudo lo hacen de “una manera mucho más fluida y comprensible que cuando teclean”, afirma Jones.
Cómo explicar las ediciones
Entregar correcciones a expertos requiere un poco más de cuidado que entregárselas a periodistas, quienes están acostumbrados a que sus artículos sean revisados. Cuando Jones termina reescribiendo extensamente, no reprende al autor ni recurre a reglas de retórica. Tampoco usa el control de cambios si cree que los autores se alarmarían ante un mar de rojo. En cambio, les pide que lean con atención, hagan los cambios que consideren necesarios y señalen las imprecisiones. Les dice, “No he cambiado tus palabras porque sean malas. Las he cambiado porque no se ajustaban a nuestra audiencia en particular”.
Cuando los autores se resisten a los cambios sugeridos, Saunders utiliza una táctica similar que llama “invocar al lector”, presentando los cambios no como una corrección de errores de redacción, sino como una forma de ayudar a los lectores a comprender el material. A veces, el humor puede ayudar. Cuando editaba un artículo sobre la insuficiencia de las métricas económicas para medir la prosperidad de un país, mi autor se resistió a mi sugerencia de insertar microexplicaciones de términos técnicos. La segunda vez que afirmó que mis lectores de Nature ya conocerían esas palabras, le respondí que muchos lectores de Nature verían GDP (PIB, producto interno bruto, en inglés) y pensarían en guanosina difosfato (un nucleósido que regula la señalización intracelular). Se rio—y empezó a aceptar las correcciones—.
Amanda Mascarelli, editora sénior de salud y medicina en The Conversation U.S., muestra lo que quiere que hagan sus autores en las revisiones. Por ejemplo, señala las oraciones largas y complejas con la pregunta “¿Te refieres a…?”, seguida de oraciones más cortas que ilustran cómo se puede simplificar el material técnico. Luego, invita al autor a adaptar el texto a su estilo personal. Incluso cuando simplemente aceptan su sugerencia, conservan el control sobre la prosa. En cualquier caso, la revista obtiene un contenido legible.
También, utiliza el concepto de acercamiento y alejamiento para ayudar a los autores a encontrar el equilibrio entre las explicaciones detalladas de algunos conceptos y las ideas generales para otros. Cuando un autor introduce una premisa o un estudio particularmente importante, puede tener sentido dedicar uno o más párrafos a profundizar en las técnicas experimentales o la historia de una pregunta de investigación. En otras partes del texto, el autor puede ampliar la perspectiva, haciendo afirmaciones más generales para abarcar mucho terreno rápidamente. Al explicar la lógica detrás de las ediciones, los editores proporcionan conceptos que los autores pueden aplicar en futuras asignaciones de escritura. “Como editora”, dice Mascarelli, “esa es una de las cosas más importantes que puedo hacer: empoderarlos para que puedan hacerlo, en lugar de simplemente hacerlo por ellos”.
Cuando se publica el artículo, suele haber un sentimiento de orgullo mutuo. Muchos autores agradecen a sus editores lo que han aprendido sobre cómo comunicar ideas a un público más amplio. Incluso llegan a enviar notas de seguimiento sobre las becas que han ganado, las invitaciones para dar conferencias que han recibido u otras maneras en que el artículo está atrayendo una atención positiva a sus ideas y trabajo. He comprobado que los beneficios son mutuos: los autores pasados se convierten en valiosos asesores para evaluar posibles artículos, y aquellos que escriben bien y trabajan en colaboración son los primeros a quienes recurro cuando estoy en un apuro.
A veces, lo más gratificante es ayudar a alguien a descubrir cómo contar su historia. Mascarelli afirma que siente tanta o más satisfacción con los artículos escritos por expertos que edita que con los que ella misma reportea. “Es una colaboración muy poderosa”, dice. “Al final del proceso, hay esta energía y sinergia increíbles que suceden porque tienes este producto final que ninguno pudo haber hecho por nuestra cuenta”.

Monya Baker trabajó como reportera y editora en Nature desde 2007 hasta 2022, donde encargó y editó la columna “World View” y comentarios más extensos. Actualmente es editora sénior en Issues in Science and Technology. Sus artículos han aparecido en estas revistas, así como en Science, Wired, The Economist y otras publicaciones. Sigue a Monya o en LinkedIn.
