Amar las preguntas: cómo reportear para ensayos periodísticos

  Read in English

An illustration of a left hand holding up a yellow question mark while a right hand points to a yellow arrow on a sign.
Natalya Kosarevich/iStock

 

Shayla Love tenía preguntas persistentes sobre los psicodélicos. Como escritora de Vice durante el “renacimiento psicodélico” que despegó en la década de 2010, había estado registrando el renovado interés en los posibles beneficios terapéuticos de las drogas —y notando una suposición interesante que lo acompañaba—. Las personas que consumen psicodélicos a menudo reportan sentimientos de una apertura mental, por lo que algunos defensores de estos argumentaron que, si más personas probaran estas drogas, la sociedad entera podría girar hacia valores más compasivos y progresistas. La idea había sido popular desde, al menos, la década de 1960, pero Love no estaba tan segura de creerla.

En un artículo de 2021, por ejemplo, un grupo de investigadores argumentaron que los cambios políticos vinculados a las experiencias con psicodélicos pueden ocurrir en cualquier dirección. Esta y otras pruebas inspiraron a Love a indagar en la larga historia de asociaciones entre las drogas psicodélicas y los sueños de utopía. Ese desordenado matrimonio se extendió por la cultura popular, la salud, la política, la tecnología y los negocios. Love siguió sus pasos, partiendo de las experiencias del boxeador Mike Tyson y del poeta beat Allen Ginsberg, de conversaciones con antropólogos e investigadores de psicodélicos, y de una novela de Aldous Huxley ambientada en una comunidad donde las drogas psicoactivas cultivan la atención plena o mindfulness, pero también la complacencia. Su artículo resultante, del 2021, sintetizó una deslumbrante variedad de materiales para desafiar el supuesto de la utopía y mostrar cómo las drogas psicodélicas se entrelazan con la política regresiva y fascista, y también con la simple y sencilla apatía. También es un ejemplo clásico de un ensayo periodístico.

El ensayo periodístico es difícil de definir, pues se encuentra en un punto medio entre el argumento conciso de un artículo de opinión y el enfoque de un reportaje en la información factual y la narrativa. La forma lleva a los lectores a un viaje satisfactorio, impulsado tanto por las propias ideas bien informadas y el estilo de escritura del autor, como por los hechos y la información —y no necesariamente hacia una respuesta definitiva—. Love, que ahora trabaja como redactora en The Atlantic, considera que esta aceptación de la incertidumbre es una buena manera de contener las contradicciones de sus áreas de cobertura. En un ensayo, puede explorar la compleja interacción entre los fenómenos neurológicos y nuestra vida social y cultural —sin escribir un texto como si tuviera la última palabra—.

Usada como verbo, la palabra “ensayo” significa “probar”. Esa noción de intento describe la redacción de un ensayo particularmente bien. Al reunir información, los periodistas prueban sus ideas, haciendo una especie de prueba de la pieza que escribirán. Love compara este proceso de selección de material para compartir con el lector con un juego de “mostrar y contar”. La metáfora es apropiada, explica, porque ilustra lo mucho que el resultado de un ensayo depende de la mirada particular de un escritor. “Quizás alguien más reuniría una colección diferente de elementos”, dice. Entonces, ¿cómo construyes una gran colección y la conviertes en un gran ensayo? Como escribió Michelle Nijhuis, autora de The Science Writers’ Essay Handbook, para The Open Notebook en 2016, “al igual que con la buena ciencia, los buenos ensayos empiezan con una pregunta”.

 

Refinando tu pregunta

Los periodistas llegan a las preguntas de un ensayo de muchas maneras. Algunos usan la experiencia personal como una lente única a través de la cual examinar ciencia interesante. Otros sienten curiosidad por los temas e ideas que surgen de su reporteo regular en las ramas del periodismo en las que se especializan, desenredando un enigma o tirando de un cabo suelto a través de un ensayo. Ambos enfoques recompensan el deseo de aprender algo nuevo y ofrecen oportunidades para explorar.

Si te tomas el tiempo de comprender la ciencia con la que trata tu ensayo, puedes demostrarles a los editores que respaldarás tus innovadoras ideas y tu distintiva voz con sustancia y evidencia.

A menudo, dejarte llevar por la curiosidad significa que no sabes a dónde te llevará el reporteo. Para el periodista freelance Brandon Keim, las buenas preguntas de un ensayo son aquellas con recorridos interesantes que llevan hacia sus respuestas, sin importar cuáles resulten ser. Keim suele escribir lo que él llama “reportajes ensayísticos o ensayos con tintes de reportaje” sobre los animales y la naturaleza, equilibrando “tanto la perspectiva científica oficial y experta, como la perspectiva que la gente obtiene simplemente de su vida cotidiana, y el conocimiento de los animales y sus relaciones con ellos”. Para un próximo artículo, Keim está profundizando en un interés que ha tenido durante años en la tanatología comparada —el estudio de cómo las diferentes criaturas responden a la muerte y al morir—. Está hablando con expertos de las ciencias y las humanidades por igual, buscando triangular sus perspectivas con su propia hipótesis: que los filósofos están llevando el campo en direcciones nuevas e interesantes. Aunque todavía no sabe con precisión en dónde aterrizaran sus fuentes en esa idea, sabe que explorar esa pregunta en forma de ensayo conducirá a una pieza interesante, que equilibre las superposiciones y tensiones entre los puntos de vista de las personas de distintas disciplinas.

Si estás atorado con una idea que parece demasiado amplia, intenta centrarte en las razones específicas que hay detrás de tu curiosidad. Aprovechar tus conocimientos y experiencia personales con un tema puede darte un ángulo más sólido y dejarle claro a un editor por qué eres la persona adecuada para escribir el ensayo. Después de asistir a un taller sobre ensayos científicos, por ejemplo, el biólogo convertido en escritor de ciencia, Diego Ramírez Martín del Campo, quería explorar cómo el silencio ha dado forma a la evolución y la cultura humana. Fascinante —pero no había mucha investigación al respecto en la que profundizar—. Un editor del taller le sugirió un enfoque diferente: Ramírez Martín del Campo debería preguntarse cómo el tinnitus —el zumbido constante en los oídos que ha experimentado desde los 23 años— afecta su propia relación con el silencio. “Debería escribir sobre cómo perdí mi silencio”, se percató. Su resultante Eulogy for Silence(“Elogio del silencio”) apareció en Aeon en 2024.

A medida que te acercas a una pregunta de ensayo, considera cómo podrías vendérsela a los editores. Algo de prereporteo es necesario para demostrar que tu idea tiene fundamentos sólidos, reflexiona Natalie Middleton, la editora de ciencia de Orion. Si te tomas el tiempo de comprender la ciencia con la que trata tu ensayo, puedes demostrarles a los editores que respaldarás tus innovadoras ideas y tu distintiva voz con sustancia y evidencia. Desarrolla un plan claro sobre cómo recopilarás información e incluye esos detalles en tu propuesta, dice Love. Luego, una vez que obtengas una asignación, comienza a reportear lo antes posible, en caso de que tus hallazgos no sean los que esperabas o tu enfoque necesite algunos ajustes. Siempre puedes comunicarte con tu editor, “girar y cambiar de dirección”, dice.

Dado que el éxito de un ensayo depende de su ejecución y de su concepto, algunos editores pueden pedirte que escribas un ensayo “sin encargo” —es decir que envíes un borrador completo sin la garantía de una asignación—. Esto es particularmente cierto para escritores novatos con menos muestras de trabajo, pero es importante poner en la balanza qué tan cómodo te sientes trabajando en algo que un editor podría terminar rechazando. Sin embargo, no todo está perdido si ese es el caso. Conserva tus trabajos no completados o inéditos y ponle atención a medios de comunicación bien alineados con tus ideas y de convocatorias de propuestas relevantes para ti, aconseja Middleton. “A veces toma un poco de tiempo” encontrar el lugar adecuado, dice.

 

Curando una colección de información

Crear y vender tus ideas no es la única etapa de desarrollar un ensayo donde es importante tener flexibilidad. Los ensayos ofrecen mucha libertad en cuanto a dónde encontrar información y qué preguntar para explorar tu pregunta central. Los escritores de ciencia pueden recurrir a la cultura o la literatura pop, considerar sus propias experiencias o perspectivas y hacer preguntas abiertas sobre el trabajo y los intereses de sus fuentes para dejar la puerta abierta a detalles sorprendentes. Para prepararte para el proceso a veces no lineal de la redacción de un ensayo, es sabio cultivar una mente abierta sobre qué —y quién— podría informar tu trabajo.

Así como las personas con las que hablamos para los reportajes enriquecen las escenas y los momentos narrativos de un artículo, las fuentes humanas pueden ayudar a los periodistas a establecer una comprensión más sólida del panorama que rodea al tema de su ensayo.

Leer mucho sobre tus intereses es una forma de crear una biblioteca de posibles ideas de las que puede extraer información para un ensayo —ya sea que ya tengas una asignación o no—. Con su idea del ensayo sobre el silencio en mente, Ramírez Martín del Campo leyó estudios científicos, poesía, ficción y reportajes. Encontró joyas en textos aparentemente no relacionados: “Tenía un cuaderno a mi lado y, si aparecía algo sobre el silencio en el libro que estaba leyendo, simplemente lo anotaba”. Al redactar su artículo, entretejió muchas de estas variadas ideas con su propia experiencia con el tinnitus.

Poner tu mirada de periodista en tu propia vida también puede producir detalles que ayuden a sumergir a los lectores en los ensayos. Por ejemplo, Miles Griffis, periodista independiente y cofundador de la publicación The Sick Times, centrada en la COVID-19 persistente, no tenía un ensayo en mente cuando viajó al efímero lago Manly de California, Estados Unidos, que emerge solo cuando fuertes lluvias llenan la cuenca de Badwater. Él y su pareja estaban siguiendo los pasos del artista David Wojnarowicz, que había viajado allí antes de su muerte en 1992 por complicaciones relacionadas con el VIH/SIDA. Durante este viaje personal, Griffis escribió en un diario cómo se sintió al hacer rafting en el lago salado temporal, reflexionando sobre las formas en que la vida y el trabajo de Wojnarowicz se traslapan con la suya, mientras lidia con la COVID-19 persistente. Griffis también tomó fotografías analógicas a lo largo del camino. Dice que prefiere esta técnica periodística porque volver a ver las fotos tras esperar a que se revelen, “te empuja de regreso al momento”. Más tarde, cuando estaba redactando su ensayo Learning How to Live and Die with Long COVID (“Aprender cómo vivir y morir con COVID persistente”), publicado en 2024 en High Country News, Griffis revisó los recuerdos que había capturado para transportarse a sí mismo —y a sus lectores— al lago Manly.

Los viajes de reporteo, incluso los que son involuntarios como el de Griffis, pueden avivar los ensayos, pero los escritores también pueden encontrar detalles emocionantes en material aparentemente seco o técnico. Un estudio, por ejemplo, podría hacer referencia a otros textos e investigaciones, aludir a una anécdota interesante o iluminar una idea potencialmente intrigante —todas ellas piedras que los periodistas pueden voltear para encontrar detalles para su ensayo—. A Kim Todd, profesora del Programa de Escritura Creativa de la Universidad de Minnesota que escribe no ficción literaria, le encanta encontrar “agujeros de conejo en el fondo de otros agujeros de conejo”. Enseña a sus estudiantes a indagar en los archivos de periódicos y bases de datos en busca de detalles que enriquezcan su escritura. También les ilustra cómo las conversaciones con fuentes pueden a su vez conducirles a materiales de investigación más convincentes.

 

Conversaciones para ensayos

No todos los periodistas entrevistan a personas para sus ensayos periodísticos, ni citan esas conversaciones. Algunos ensayos, como los de Griffis y Ramírez Martín del Campo, cuentan una historia más explícitamente personal, pero, así como las personas con las que hablamos para los reportajes enriquecen las escenas y los momentos narrativos de un artículo, las fuentes humanas pueden ayudar a los periodistas a establecer una comprensión más sólida del panorama que rodea al tema de su ensayo. Experimentar que otra mente lidia con el mismo tema y sumarse a la serendipia de la conversación puede ofrecerles a los periodistas material nuevo y atractivo.

Al reportear para un ensayo, pensar en el papel que la voz o las ideas de una fuente podrían jugar en el artículo —ya sea uno más abstracto u otro más explicativo— puede ayudarte a guiar la conversación. Los estudiantes de Todd practican hacerse preguntas abiertas entre ellos en el salón, para identificar qué marcos ayudarán a sus fuentes a reflexionar y contar historias en las entrevistas. Este enfoque puede ser particularmente útil al entrevistar a científicos —para extraer la profundidad que buscan los escritores en los ensayos—. Laurie Winkless, una física convertida en periodista de ciencia que escribe libros y ensayos explicativos sobre temas como superficies pegajosas y la tecnología detrás de la vida en las ciudades, pide a los investigadores que le cuenten “algo extraño” sobre su trabajo o qué preocupaciones les quitan el sueño, además de sus preguntas más técnicas. La combinación ayuda a Winkless a obtener respuestas más conversacionales de sus fuentes y, por lo tanto, a comunicar temas complicados a sus lectores como una “guía amigable”.

Cuando tu propia perspectiva mediará, dará forma o aparecerá junto con las ideas de una fuente, te conviene asegurarte de que las personas con las que vas a hablar comprendan el ángulo de tu ensayo.

Al buscar fuentes para ensayos periodísticos, también es una buena idea definir la experticia de manera expansiva —de manera similar a extender tu lectura más allá de la literatura científica—. Keim, por ejemplo, ha hablado con abogados que luchan por la personalidad jurídica de los animales y con personas que trabajan en la rehabilitación de la vida silvestre, para ayudar a sus lectores a considerar las personalidades de los animales más profundamente y cultivar un interés en la vida de los animales.

Hablar con fuentes que poseen múltiples tipos de autoridad también puede ayudarte a hacer conexiones más amplias en tu ensayo. Griffis escribió sobre los lagartos de cola de látigo de Nuevo México —una especie compuesta exclusivamente por hembras que se reproducen asexualmente— para una entrega de 2023 de su columna Confetti Westerns, sobre historias naturales y culturales queer del suroeste de Estados Unidos. Para ilustrar por qué la gente ama a los reptiles que algunos llaman “íconos gays” del estado, Griffis habló con biólogos queer sobre sus experiencias en el campo y sobre la radical importancia de reconocer la no heterosexualidad en la naturaleza. “Una de las primeras cosas que te enseñan en un curso de biología universitario”, le comentó una fuente, “es… que nada encaja en cajas bonitas y ordenadas”.

Dados los sinuosos caminos periodísticos que podrías atravesar, algunas fuentes podrían sorprenderse cuando te acerques a ellas para una entrevista, o sentirse inseguras de cómo usarás su voz. Hacer el trabajo preliminar de explicar por qué te gustaría hablar con ellos tranquiliza a los entrevistados y puede ayudarlos a conectar puntos que de otro modo habrías descuidado. Cuando estaba reporteando su historia de 2024 para The Atlantic sobre cómo los medicamentos para adelgazar, como Ozempic, inhiben los sentimientos de deseo más allá del apetito, Love terminó en un monasterio budhista. Sus posibles entrevistados se mostraron confundidos al principio, pero cuando Love dijo que sentía que el budismo podía ofrecer perspectivas interesantes sobre Ozempic debido al enfoque de la religión en el deseo como una de las raíces del sufrimiento, la monja con la que habló “estaba tan interesada y dispuesta a ir allí conmigo”, recuerda Love. Su conversación ayudó a Love a comprender cómo perder el deseo en un instante, y sin trabajo, puede hacer que las personas se sientan psicológicamente a la deriva, en lugar de iluminadas.

Cuando tu propia perspectiva mediará, dará forma o aparecerá junto con las ideas de una fuente, te conviene asegurarte de que las personas con las que vas a hablar comprendan el ángulo de tu ensayo. Revelar la propia perspectiva no es solo un paso ético necesario. Para Keim, compartir “lo que piensa y hacia dónde está yendo” con las fuentes puede conducirlo a avances en su propia comprensión —está “poniendo a prueba” sus ideas al ver cómo responden sus fuentes—.

 

Redactando tu ensayo

Después de reunir tu colección de materiales para el ensayo, todavía te queda una tarea difícil por delante. ¿Cómo filtrarás notas y citas de múltiples disciplinas, perspectivas y textos para redactar un texto legible? ¿Y cómo equilibrarás esos hechos relatados con tu perspectiva o experiencia personal? La belleza de escribir un ensayo es que no hay una única plantilla, pero hay algunas técnicas que te ayudarán a superar la temida página en blanco.

Una cosa a tener en cuenta, mientras decides en qué medida aparecerás en un artículo, es lo que podría ayudar a que los temas de tu ensayo resuenen en un lector. Desde que Griffis comenzó a reportear sobre la COVID persistente, por ejemplo, ha gravitado hacia compartir más de su propia experiencia en sus escritos. Su historia puede captar la atención de las personas donde el análisis estadístico o una voz más distante podrían perderla —lo que es aún más valioso porque la desinformación y los conceptos erróneos sobre la COVID persisten—. “A veces, tener estas narrativas realmente personales de cómo es vivir con la enfermedad es muy importante”, reflexiona.

Los editores también pueden ayudarte a eliminar tus frases favoritas innecesarias. Después de todo, un ensayo nunca puede incluir todos los hechos valiosos o todas tus ideas favoritas.

Si te estás sintiendo inseguro de por dónde empezar después de revisar tus materiales, considera si te falta lo que necesitas para enmarcar alguna parte de tu reporteo. “Normalmente, cuando tengo problemas con el bloqueo del escritor o no puedo poner palabras en la página, es porque aún no hice suficiente trabajo”, reflexiona Griffis. Un poco más de reporteo enfocado en áreas que se sienten turbias puede ayudarte a visualizar tu ensayo.

Pero tener montañas de investigación también puede hacer que comenzar a escribir sea aún más abrumador. Para Middleton, dejar de lado el material que ha reunido, al menos al principio, la ayuda a encontrar su camino en el primer borrador de un ensayo periodístico. “Escribo libremente para ver la forma de lo que quiero hacer y después realmente conecto la investigación que encontré”, dice. Ha encontrado que a veces escribe de manera más personal en esta etapa inicial. A medida que agrega detalles más concretos, “esculpe” y “suaviza” la escritura alrededor de estos: “No es un proceso lineal”.

En caso de duda, recurre a un editor o lector de confianza para que te aconseje sobre tu enfoque. Para un artículo de 2024 sobre la iconografía occidental de los jeans azules, Griffis inicialmente se basó en años de investigación de amplio alcance, lo que hizo que fuera difícil acercarse a un ángulo. Una lluvia de ideas por teléfono con su editora de High Country News lo ayudó a encontrar el alcance adecuado, al centrarse en cosas más específicas de lo que había planeado. Al no intentar abarcar demasiado, pudo incorporar a la historia “más Miles”, una nota que ella le da frecuentemente.

Los editores también pueden ayudarte a eliminar tus frases favoritas innecesarias. Después de todo, un ensayo nunca puede incluir todos los hechos valiosos o todas tus ideas favoritas —probablemente sea por eso por lo que a los ensayistas les encanta la etapa de reporteo—. Pero “conserva todos esos párrafos [cortados]”, aconseja Middleton. “Hay algo [ahí] que querías decir”. Los restos que quedan pueden ser la materia prima para futuros ensayos; más preguntas por explorar y viajes para escritor y lector, al final de los cuales, como señala Love, “la ciencia se siente más conectada con el resto del mundo”.

 

Kate Fishman Mathew Caine

Kate Fishman es una periodista freelance radicada en San Diego, California, y becaria de The Open Notebook. Ha cubierto noticias locales en Ohio, Pennsylvania, y el condado californiano de Mendocino, donde fue redactora de Report for America y se aficionó a escribir sobre ecología. Sus reportajes han aparecido en Sierra, Reuters, High Country News y Atmos, entre otras publicaciones. Encuéntrala en Bluesky como @kaatefishman.bsky.social.

Skip to content